Apartamentos en Oviedo

Apartamentos en Oviedo de alquiler temporal • Alquiler apartamentos • Asturias • España • Europa
Apartamento en Oviedo
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Cómo llegar a Oviedo:

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Apartamentos en Oviedo

Si tiene previsto venir a Oviedo por motivos de trabajo, estudios u ocio y necesita un apartamento o piso para días, semanas o meses «Apartamentos en Oviedo» le ofrece una selección de alojamientos en el centro de la ciudad con todas las comodidades para que su visita a nuestra ciudad le resulte lo más agradable posible. Nuestros apartamentos disponen de diferentes capacidades, equipamientos y precios para que pueda elegir el tipo de estancia que más se ajuste a sus necesidades.

Apartamento Campomanes
Apartamentos en Oviedo (Asturias)
Teléfono de contacto:

654 653 075

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Apartamento de alquiler temporal.

Apartamentos en Oviedo centro

Capacidad: 3 personas

Precio:

  • 60 euros/noche (tarifa única)
  • Estancias largas (salvo julio y agosto): 45 euros/noche.

Descripción:

Apartamento acogedor y funcional con muebles modernos y todo a estrenar. Cocina equipada con todo tipo de electrodomésticos, dormitorio con cama de 1,50 y lencería de cama y baño de excelente calidad. Salón con sofá cama, TV de 50” y wifi. Baño completo con plato de ducha de 1,90. Primera planta en buen edificio y zona centro a pocos minutos del casco histórico, del Parque San Francisco y calle Uría.

Apartamento Los Magnolios
Apartamentos en Oviedo (Asturias)

Apartamento de alquiler temporal.

Apartamentos en Oviedo centro

Capacidad: 6 plazas

Dirección: Calle Conde Toreno. 33004 Oviedo. Principado de Asturias.

Piso en el centro de Oviedo. Tiene tres dormitorios, uno con dos camas de 0,90 juntas; otro con dos camas de 0,90 juntas; otro con cama de 0,90 y salita con sofá (dos camas de 0,90).

Espléndido piso de 180 m². Dispone de amplio salón con dos ambientes, TV, vídeo, DVD y equipo de música y vistas al Parque San Francisco. Cocina totalmente equipada, comedor y tres baños. A escasos metros de las estaciones de Renfe y de autobuses. Próximo al Teatro Campoamor.

Precios:

  • Estancias largas o meses completos: 80 € noche.
  • Estancia mínima: 2 noches.
  • Horarios. Entradas: a partir de las 5 de la tarde. Salidas: antes de las 12.
  • Otros horarios: consultar.
  • Temporada alta: julio, agosto, navidades, Semana Santa y puentes. Temporada baja: resto del año.
Apartamento Foncalada
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Apartamento de alquiler temporal.

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Capacidad: 4 plazas

Dirección: Calle Foncalada, 19. 33002 Oviedo. Principado de Asturias.

Céntrico apartamento de lujo, en la mejor zona de la ciudad, dos dormitorios, uno con cama de 1,50 y otro con dos camas de 0,90. Baño completo, salón con cocina totalmente equipada. Garaje. Wifi.

Junto a la Fuente de Foncalada que el 3 de junio de 1931 fue declarada Monumento y el 2 de diciembre de 2008 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Precios:

  • Tarifa única: 120 euros
Apartamento Pelayo
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Teléfono de contacto:

654 653 075

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Apartamento de alquiler temporal.

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Capacidad: 4 plazas + sofá cama

Dirección: Calle Pelayo. 33003 Oviedo. Principado de Asturias.

Piso de lujo en calle peatonal en frente del teatro Campoamor. Tiene dos dormitorios dobles con camas de matrimonio. Cocina equipada con todo tipo de electrodomésticos y cafetera incorporada en el mueble. Gran salón con dos balcones a calle peatonal con vistas al Teatro Campoamor. Chimenea decorativa con efecto llama. Hilo musical en toda la casa. Persianas automáticas, suelos de mármol y los baños también revestidos de mármol. Un baño con bañera en el dormitorio y baño de cortesía con ducha.

Precios:

  • Tarifa única: 110 euros/noche
  • Estancias largas: 80 euros/noche (excepto los meses de julio y agosto)
Apartamento Víctor Sáenz
Apartamentos en Oviedo (Asturias)

Apartamento de alquiler temporal.

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Capacidad: 5 plazas

Dirección: Calle Víctor Sáenz. 33006 Oviedo. Principado de Asturias.

Piso en calle peatonal próximo al Palacio de Congresos y del centro de la ciudad. Bien comunicado con la autovía A-66. Consta de tres dormitorios, dos dobles y uno individual (5 camas de 0,90). Baño con plato de ducha, cocina completamente equipada, salón con tv y wifi. Es un primer piso con ascensor y la cocina y dos dormitorios son exteriores. Todo a estrenar.

Precios:

  • Tarifa única: 80 euros
Información de interés
Datos prácticos

Naturaleza, Arte Prerrománico, fiesta, gastronomía, Premios Princesa… y muchas cosas más en el concejo de Oviedo, ubicado en el corazón de Asturias y su capital es también la del Principado, y fue en el pasado capital del primer reino cristiano de la Península Ibérica y origen del Camino de Santiago.

Oviedo está en el corazón de Asturias, en pleno centro, y su capital es la del Principado. Es el segundo municipio más poblado de Asturias y es uno de los puntos clave del área metropolitana de la región.

Cuando Máximo y Fromestano fundaron un monasterio bajo la advocación de San Vicente, poco podían imaginar que aquel lugar sería el origen de la capital del primer reino cristiano de la Península Ibérica, y mucho menos que más de mil años después un afamado director de cine y Premio Príncipe de Asturias como Woody Allen la describiría “como una ciudad de cuento de hadas donde todo es antiguo, limpio y agradable…”.

El nacimiento de la ciudad de Oviedo —ostenta los títulos de ‘muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heróica y buena’— tiene todos los ingredientes legendarios y épicos de las grandes gestas. Desde antaño conserva su impronta monástica y regia, y sigue siendo primigenia referencia del Camino de Santiago Primitivo, aquel cuyo fundador fue también un rey asturiano, D. Alfonso II.

La capital asturiana es hospitalaria y dinámica, donde cada día se puede experimentar algo diferente, y posee una intensa vida cultural y comercial, y de barrio, cada uno con su impronta y atractivo.

De humanas dimensiones, está especialmente pensada para el paseo, ya que cuenta con múltiples calles peatonales, y donde cada rincón encierra una sensación inesperada: el mercado del Fontán, el boulevard de la sidra, la fuente Prerrománica de La Foncalada, la Catedral con una torre gótica y otra románica, el casco histórico que ha sido fuente de inspiración para literatos como Clarín o Pérez de Ayala, arquitectura civil contemporánea o una intensa agenda en la que destacan entre otras, la temporada de ópera o la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias.

Así es la ciudad de Oviedo, monástica, regia y jacobea, faro de la cristiandad en la Baja Edad Media, que aún atesora entre sus reliquias una referencia universal: el Santo Sudario.

El Monte Naranco —lugar de peregrinación y de pruebas deportivas—, o la zona de Faro, Limanes, Santa Ana de Abuli, etc. conforman un entorno rural agradable para el paseo, para las visitas a monumentos o para disfrutar de la gastronomía y de la sidra, en un concejo festivo, hospitalaria y amante de las tradiciones asturianas.

Qué ver

  • Catedral y Cámara Santa – Mercado del Fontán – Casco Histórico.
  • Monumentos Prerrománicos.
  • Monte Naranco.
  • Oviedo rural (Limanes, Faro, Cascadas de Guanga, etc.)

Histórica y moderna, señorial y acogedora, discreta y cosmopolita. La ciudad de Oviedo tiene cada año una cita con el mundo: los Premios Príncipe de Asturias y su repercusión no intimidan, sin embargo, a la que en tiempos fuera capital de todo un reino. El pasado pesa, pero no impide crecer. Oviedo la universal le ha plantado cara a la provinciana Vetusta.

El concejo de Oviedo, en el corazón del área central de Asturias, ocupa unos 186 kilómetros cuadrados de superficie. Su población supera los 214.000 habitantes. La capital del municipio lo es también del Principado, sede del gobierno autonómico y las principales instituciones.

Oviedo, capital del Principado de Asturias, cuenta con numerosos atractivos, como su casco antiguo, la catedral gótica o el Teatro Campoamor, donde se celebra la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Posee además algunas de las más reconocidas muestras del Prerrománico asturiano.

Ruta por la Comarca de Oviedo

Descripción de la Ruta


  • Una vez visitado Oviedo y el Monte Naranco, recorremos los alrededores de la ciudad. Para visitar Las Caldas y Priorio se coge la N-634 en dirección Galicia y un desvío a la izquierda, aproximadamente a 7 kilómetros de Oviedo. Bendones se encuentra a 5 kilómetros por la AS-244.

Ruta: Comenzamos nuestra ruta recorriendo el casco antiguo de la ciudad. En él se alza la impresionante catedral gótica de San Salvador, que muestra además elementos de distintos periodos y estilos artísticos. Desde el brazo sur del crucero podemos acceder a la Cámara Santa, donde se puede contemplar la Cruz de la Victoria, la Cruz de Los Ángeles o la magnífica Caja de Las Ágatas. También en el interior de la catedral podemos visitar el Museo Diocesano.

En la plaza de la catedral podemos ver otras construcciones de interés como el palacio de Valdecarzana-Heredia (s. XVII), la capilla de la Balesquida (s. XIII), la casa de la Rúa (s. XV), la casa de los Llanes (s. XVIII) y el jardín de los Reyes Caudillos. También junto al templo se alza la iglesia prerrománica de San Tirso El Real.

Merece la pena pasear por la calle Santa Ana, donde se ubica el museo de Bellas Artes de Asturias en el que se puede apreciar su rico patrimonio –configurado por más de 8.000 piezas– que constituye una de las mejores colecciones públicas de arte de España; este Museo alberga obras de pintores de la talla de Goya, Zurbarán, Sorolla o Picasso, así como de destacados pintores asturianos, como Luis Fernández, Vaquero Palacios o Darío de Regoyos; además podremos admirar sus dos edificios históricos que son dos excepcionales obras de arquitectura palaciega. Podemos acercarnos también al museo Arqueológico (actualmente en obras), instalado en el antiguo Monasterio Benedictino de San Vicente (Siglo XVI), que presenta diversas colecciones desde la Prehistoria hasta la época medieval. Podemos recorrer la calle Jovellanos y apreciar, a mano izquierda, los restos de la antigua muralla incrustados en las paredes del convento de San Pelayo. Al otro lado del convento se extiende la calle Gascona, bulliciosa ruta de sidrerías.

Todavía en la parte vieja de la ciudad, encontramos la Plaza de Porlier, donde están el palacio de los Marqueses de Camposagrado (s. XVIII), sede del Tribunal Superior de Justicia, y el palacio de los Condes de Toreno (s. XVII), sede del Real Instituto de Estudios Asturianos. Muy cerca se encuentra el edificio de la Universidad, fundada en 1568.

El Ayuntamiento y la plaza de la Constitución, donde se encuentra la iglesia de San Isidoro el Real; y El Fontán, el gran mercado de los domingos, son también visitas obligadas. Antes de abandonar el casco antiguo, podemos pasear por Cimadevilla, la plaza de Trascorrales, la Plaza del Sol, la calle Mon, Ildefonso Martínez -antigua Salsipuedesy la Plaza del Paraguas.

En pleno centro urbano, junto a la principal arteria de la ciudad -la calle Uriaencontramos el parque de San Francisco, uno de los epicentros de la vida social ovetense y su principal pulmón urbano, con innumerables árboles centenarios en sus 90.000 metros cuadrados. En sus proximidades, se encuentra el Teatro Campoamor, escenario anual de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, y el palacio de la Junta General del Principado. En la calle Gil de Jaz resulta interesante visitar el Hotel de La Reconquista, antiguo hospicio de Oviedo.

Concluimos nuestra ruta por Oviedo visitando las construcciones prerrománicas: Santa Maria del Naranco y San Miguel de Lillo, en el monte Naranco, donde también se halla el Centro de Interpretación del Prerrománico, y San Julián de los Prados (Santullano), el templo prerrománico de mayores dimensiones de toda España, situado junto a la autopista A-8.

Fuera del casco urbano de Oviedo se extiende el campo de golf de Las Caldas, en el que se integra el conjunto etnográfico de La Premaña. En la misma población se ubica el balneario de Las Caldas Villa Termal. El Centro Ecuestre Municipal “El Asturcón” está situado en la falda norte del Monte Naranco, en el límite con el Concejo de Llanera, y constituye una verdadera ciudad diseñada para la práctica de la equitación.

Cerca de Priorio está la cueva prehistórica de La Lluera, con grabados de un gran e interesante número de figuras animales (caballos, uros, ciervas, cabras…), especialmente en la llamada Gran Hornacina.

La iglesia prerrománica de Santa María de Bendones se encuentra en el centro de la aldea de Bendones, a unos 5 km de Oviedo por la antigua carretera de Langreo, y es una de las obras más importantes del prerrománico asturiano que no se debe dejar de visitar.

En el aeródromo de La Morgal existe la posibilidad de alquilar avionetas para realizar vuelos turísticos y disfrutar de una vista única de la comarca y del centro de Asturias.

Horario de visitas: lunes a viernes, exceptuando festivos.

  • Público en general: de 16.00 a 19.00 horas.
  • Grupos escolares: de 10.00 a 14.00 horas.
  • Visitas guiadas: concertar visita previamente.
  • Duración: 1 hora. Grupos de 15 personas como máximo. Servicio gratuito.
  • Entrada gratuita.

Heredero de aquel Gabinete de Historia Natural que existió en la Universidad de Oviedo a mediados del siglo XIX, el actual Museo de Geología pretende acercar esta ciencia a todo tipo de público a través de la exposición de tesoros naturales recogidos por geólogos, tanto en la Cordillera Cantábrica y su entorno como en otras partes de la Tierra.

En el Museo se pueden contemplar fósiles, minerales, rocas, estructuras sedimentarias y tectónicas, así como diversos documentos cartográficos. Se dispone, además, de microscopios y otros equipos para la observación de muestras, que se encuentran a disposición del visitante.

Anexo a la sala principal existen diversas vitrinas, donde se realizan, periódicamente, exposiciones de carácter temporal que completan los materiales exhibidos dentro del Museo.

Todos los materiales están correctamente etiquetados, disponiéndose de información complementaria con gráficos y medios audiviosuales que facilitan su comprensión.

Además, el personal cualificado del Museo podrá, de forma personalizada, satisfacer las dudas de los visitantes.

Vicisitudes históricas del Museo de Geología de la Universidad de Oviedo

Autores: M. GUTIÉRREZ CLAVEROL (director del museo) y L. M. RODRÍGUEZ TERENTE (conservador).

Publicación: Trabajos de Geología (Departamento de Geología), Univ. de Oviedo, 25: 27-49 (2005).

Desde antiguo, los materiales de índole geológica han suscitado el interés de curiosos y aficionados, singularmente de las gentes más ilustradas, que los coleccionaban y agrupaban formando «gabinetes de curiosidades», muy en boga en las mansiones de la nobleza y en algunos conventos religiosos.

Con la enorme riqueza geológica que encierra Asturias, la costumbre coleccionista no podía ser una excepción en esta región. De forma documentada, la afición por los objetos geológicos se remonta al último tercio del siglo XVIII, siendo el V conde de Toreno la personalidad más distinguida. En su desarrollo —dejando al margen colecciones privadas— debe destacarse el papel preponderante de la Universidad de Oviedo en impulsar la exhibición de muestras relacionadas con las Ciencias de la Tierra, ya sea con fines docentes o divulgadores. En este sentido, se debe mencionar que el denominado «Gabinete de Historia Natural» (1846) fue constituido casi a la par que el «Museo Provincial de Antigüedades o de Arqueología» (1844), considerado como el primero en crearse en Asturias (Adán Álvarez, 2000).

Las colecciones museográficas naturalistas no solamente se ubicaron en el edificio histórico ovetense, sino también en la Escuela de Capataces de Mieres (desde 1854) —que contó con colaboraciones tan destacadas como la del ilustre ingeniero técnico-geólogo Guillermo Schulz— y en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Oviedo (desde 1960). Además, deben ser tenidas en cuenta las pequeñas colecciones de algunos de los institutos más vetustos de Enseñanza Media (Jovellanos en Gijón y Alfonso II, en Oviedo), heredadas, en parte, de otras pretéritas.

En época reciente comienzan a popularizarse instalaciones museísticas relacionadas con la Geología, logrando incluso estar a la cabeza de los museos asturianos por el número de visitantes anuales. En 1994 empieza su andadura el Museo de la Minería y de la Industria (MUMI) —situado sobre la escombrera del pozo San Vicente (El Entrego)—, en cuya primera planta se exponen materiales geológicos, destacando una importante colección de minerales, y en 2004 se inauguró el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), ubicado en la rasa de San Telmo (Colunga).

Las fuentes bibliográficas fundamentales sobre el tema que nos ocupa son tres: La Historia de la Universidad de Oviedo de Fermín Canella Secades (la primera edición en 1873), los 5 primeros tomos de los Anales de la Universidad de Oviedo, entre 1901 y 1910, y la Crónica del III centenario de la Universidad de Oviedo (1608-1908), redactada por F. Alvarado Albo y publicada en 1921. En ellas se encuentra la documentación manejada por los autores posteriores.

Entre los escasos trabajos que abordan aspectos más o menos parciales relacionados con esta tipología museística cabe citar a Madoz (1849), Canella Secades (1873 y 1888), Fuertes Acevedo (1884), Alvarado Albo (1921), Martínez y Lastra (1978), Martínez y Ordaz (1983), Arribas Jimeno (1984), Adán Álvarez (2000) y Ordaz y Truyols (2004). Información pormenorizada sobre el actual Museo de Geología se encuentra en Moreiras Blanco y Rodríguez Terente (2002) y Rodríguez Terente (2005).

1. EVIDENCIAS PRELIMINARES DE COLECCIONISMO GEOLÓGICO

La actividad divulgadora de las riquezas del Principado vinculadas con las Ciencias de la Tierra se remonta al último tercio del siglo XVIII. Así, en 1781 y 1783, Joaquín José Queipo de Llano y Quiñones Pimentel, V conde de Toreno, iniciador de los estudios naturales de Asturias, pronunció varios discursos en la Sociedad Económica de Amigos del País, en Oviedo —de la que fue promotor y socio de mérito—, sobre mármoles y minerales asturianos, y que fueron publicados en 1785. Defensor a ultranza de las posibilidades del subsuelo de su región natal, llegó a exclamar: «¿Qué sería, si se registrasen con atención los montes de todo el Principado, sus ríos, sus fuentes, sus concavidades y senos?».

El conde de Toreno, personaje prototípico de la Ilustración, logró reunir una importante colección de minerales y mármoles —recogidos y clasificados por él mismo—, que mostró al público (1781) en la Sociedad Económica de Amigos del Principado de Asturias. Los ejemplares los guardaba en su barroco palacio de Cangas del Narcea —hoy sede consistorial—, es decir, en la proximidad de los yacimientos de Rengos, de donde provenía una buena parte del material marmóreo. El propio Queipo de Llano declaraba en sus discursos, después de describir exhaustivamente minerales y rocas que había encontrado en Asturias y en el norte de León: «De cuantas producciones va hecha relacion, existen muestras en el Gabinete de Historia Natural, que el Autor de esta Descripción tiene en su casa en la Villa de Cangas de Tineo, de las que ha dexado únicamente las precisas para su uso y conocimiento, por haber remitido de todas á la Real Sociedad Bascongada, y á otras diversas personas» (Queipo de Llano, 1785, pp. 64 y 65).

El primer discurso de este ilustrado concluye con la petición de creación de un Gabinete de Historia Natural, proclamando textualmente: «Un Gabinete, ó Muséo de Historia Natural deberia ser tambien uno de los principales objetos de nuestra Sociedad: colocadas en él las diferentes producciones de ayre, tierra y agua, formadas por el sabio Autor de la naturaleza, admiraríamos en ellas los recónditos secretos de su sabia providencia. Allí nos demostraría la misma naturaleza, madre de todas las ciencias, la más verídica historia, y el original mas correcto, vulneradas muchas veces sus causas por la variedad y distinto concepto de los Autores: la Real Biblioteca de esta insigne Universidad nos presenta el mas aparente sitio para este efecto; no dudándose, que nuestro Ilustrísimo Protector, Paisano y Socio honorario el Señor Conde de Campomanes, glorioso Héroe de la Patria, protegería su erección con notorio zelo por lo que la Providencia interesaria en su establecimiento» (Queipo de Llano, op. cit., pp. 70 y 71).

Como se verá más adelante, es importante esta alusión al conde de Campomanes por parte del conde de Toreno, pues ambas personalidades estaban interesadas en la fundación de un museo en Asturias con contenido geológico.

Gaspar Melchor de Jovellanos tenía asimismo inclinaciones hacia el mundo científico. El 6 de mayo de 1782 Jovellanos leyó en la Sociedad Económica —creada bajo sus auspicios el año anterior— un discurso sobre La necesidad de cultivar en el Principado el estudio de las ciencias naturales y en 1792 logró para Gijón el «Instituto de Náutica y Mineralogía», una de cuyas tres cátedras básicas era precisamente la Mineralogía.

Dado que durante los siglos XVIII y XIX la Geología y Minería estaban bajo el control público de las inspecciones de los Distritos Mineros, no debe extrañar que los principales artífices de todo lo relacionado con las Ciencias de la Tierra fueran los ingenieros que trabajaban en las sociedades mineras que, por esas fechas, iniciaban su andadura empresarial. En este sentido, cabe destacar la labor realizada por el ingeniero francés Adriano Paillette (1809-1858), afincado durante mucho tiempo en Asturias. Publicó varios trabajos sobre minería asturiana durante el periodo 1844 y 1855 y colaboró en determinados estudios con profesores universitarios como León de Salmeán y Amalio Maestre —a los que más adelante se hará referencia por su papel colaborador con el primer museo naturalista universitario— y con Guillermo Schulz. También participó activamente en investigaciones paleontológicas, en especial relacionadas con la Cuenca Carbonífera Central y con la fauna devónica de Ferroñes —que él mismo había descubierto—, sobre la que escribió una publicación conjunta con Verneuil y D’Archiac (1845), la primera monografía paleontológica de carácter descriptivo que se realizó sobre material español (Truyols, 1995).

Paillette fue glosado por el naturalista ovetense Máximo Fuertes Acevedo en términos muy elogiosos: «Asturias debe mucho a este malogrado ingeniero, pues él fue quien en esta época promovió el amor a los estudios mineralógicos en la provincia, y con sus trabajos prácticos y sus escritos contribuyó grandemente al desarrollo de las explotaciones hullera y metalúrgica de la provincia» (Fuertes Acevedo, 1884, p. 13).

También la ilustre figura de Guillermo Schulz —primer inspector del Distrito Minero de Asturias y Galicia y autor de obras que sentaron las bases para el conocimiento geológico astur— colaboró con los centros docentes, en concreto con la Escuela de Capataces de Mieres, que él mismo había promovido, aportando minerales a sus vitrinas. La Revista Minera de 1854 (tomo V, pp. 86 y 87) recoge la noticia de que Schulz envió asimismo 70 ejemplares de combustibles fósiles y 40 de minerales metálicos asturianos al gabinete de Mineralogía de la Escuela de Ingenieros de Minas en Madrid. Schulz figuraba en la galería de retratos de protectores de Asturias que existió en la Universidad de Oviedo.

Existen anécdotas peculiares sobre determinados aspectos de la Mineralogía regional relacionadas con las Exposiciones Universales celebradas en París, donde con frecuencia se solían exhibir piezas asturianas. Refiriéndose a la de 1855, la Revista Minera (1855, tomo VI, p. 593) relató el hecho singular de que: «¡Dos solas muestras de cinabrio se han mandado á la exposición universal de Paris! ¡y estas muestras son de cinabrio y rejalgar procedentes de Asturias!», y se interroga el comentarista: «¿Se han abandonado por ventura los inagotables criaderos de Almaden?». Por otro lado, el ingeniero de minas González Ferrer comentaba la presentación de materiales de nuestra región en la exposición de 1878, lamentándose —según recoge Fuertes Acevedo (1884)— de que se hubiera escrito en el catálogo, al mencionar los mármoles: «en la actualidad no se explotan por falta de caminos».

El propio Máximo Fuertes, profesor ayudante en la Universidad de Oviedo desde 1857 y durante una breve etapa —colaborando con León de Salmeán—, contribuyó a engrosar la colección de minerales del Gabinete. Apasionado divulgador de los materiales geológicos del subsuelo astur, incitaba a los responsables de las jefaturas de Minas para que recopilasen y ordenasen las muestras que cotidianamente recibían en sus oficinas en los actos propios de su cometido. Escribía: «Y á este propósito, hemos juzgado siempre muy conveniente, por más que nunca lo hayamos visto realizado, la formación de un Museo mineralógico de todos los productos metálicos y lapídeos de la provincia, de fácil realización, si en ello pusiesen algun empeño los dignos Jefes de minas de este distrito. Un ejemplar de todas las sustancias minerales de Astúrias, en sus diferentes capas, con su análisis químico é industrial, la historia abreviada de su yacimiento y las condiciones de su explotación y beneficio, sería, aparte del gran interés científico que ofrecería, un dato importantísimo para las exploraciones industriales. Así comenzó á hacerse en las oficinas de la Inspección de Minas de Oviedo, pero por causas que desconocemos, no se ha continuado, é ignoramos si en estos últimos tiempos se ha insistido en ello ó caido en completo olvido» (Fuertes Acevedo, 1884, p. 18).

2. EL GABINETE DE HISTORIA NATURAL

La idea lanzada por el conde de Toreno en 1781 de la necesidad de un Gabinete de Historia Natural en el seno de la Universidad de Oviedo fructificó 64 años más tarde. Entretanto se produce una etapa incierta que abarca casi toda la primera mitad del siglo XIX.

Es casi seguro que Pedro Rodríguez de Campomanes, conde de Campomanes —autor del dictamen tras el que se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767 e inspirador en la creación de la Sociedad Económica en 1780— tuvo influencia en la fundación del Gabinete, ya que está demostrado su interés por llevarlo a cabo. Cuenta Emilio Marcos Vallaure en el prólogo de los Discursos del conde de Toreno (edición facsímil de 1978) que se encontró en el archivo de Campomanes una carta del profesor Agustín de la Planche, dirigida a él mismo, acerca de la utilidad de instalar un Museo de Historia Natural bajo la dirección de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Así pues, en el proceso de cimentación de los pilares del Gabinete parece muy probable que tuvieron una notable participación importantes personalidades asturianas de la Ilustración, unidas por vínculos de amistad y/o parentesco, destacando el conde de Campomanes, V conde de Toreno y Jovellanos, a los que se podría añadir Francisco Bernaldo de Quirós y Mariños de Lobera (V marqués de Camposagrado).

Las primeras referencias evidentes sobre la creación de un museo naturalista en Oviedo se encuentran en la obra de Pascual Madoz (1849) que, al describir la Universidad Literaria, relata: «Hay ademas en la Universidad un museo principiado pocos años há; y no obstante en moderna creación, admirase en sus estantes una variedad admirable de aves, y un número bastante regular de mamíferos, que puede presentar ya un cuadro bastante expresivo de la fauna asturiana. Apesar de ser tan moderna la coleccion reune el doble mérito en haberse efectuado sin que haya enviado todavía el director que se ha ofrecido á todas las Universidades; y haber sido dirigido por un jóven de felices disposiciones en el particular. Hay tambien empezado el gabinete mineralógico, reducido si, pero rico en las especies mas principales que en el pais se benefician, y de otras que se han facilitado de varios puntos de España y Ultramar» (Madoz, p. 315 de la edición facsímil de 1895).

Asimismo, el profesor Felipe Naranjo y Garza, que pronunció el discurso de apertura de curso en la Escuela de Minas de Madrid, sobre el tema Origen y progresos de la mineralogía en España, recoge datos históricos de sumo interés sobre las colecciones existentes por aquella fecha y que fue publicado por Revista Minera en 1851. En la página 677 de la citada publicación se alude al Gabinete de Historia Natural de la siguiente manera: «La Universidad de Oviedo cuenta con un gabinete desde 1845, que comprende las principales menas que forman objeto de beneficio en Asturias. Al ensanche de este gabinete, en que hoy dia no bajarán de 1.500 los ejemplares de estudio, contribuyó recientemente la Dirección general de minas y el Ingeniero profesor del ramo, D. Amalio Maestre, que desde 1847 á 1850 desempeñó aquella cátedra de historia natural» (Naranjo y Garza, 1851).

2.1. Los inicios del gabinete

Los ingenieros del cuerpo de minas Eugenio Maffei y Ramón Rúa Figueroa mencionan cómo el químico Agustín de la Planche —autor del informe que poseía Jovellanos y colaborador con Guillermo Bowles en impulsar la minería de nuestro país— había sido llamado por el gobierno español «para la instalación del laboratorio del Museo de historia natural» (Maffei y Rúa Figueroa, 1871, p. 94). Y aunque estos albores museísticos son también recogidos por Eugenio Antonio del Riego (según cita Caso González, 1973), sólo se consolidarían bastante tiempo después.

Es precisamente en 1845, al amparo del plan Pidal —esta ley intentaba implantar los principios liberales, lo que supuso una reforma radical de la Universidad—, cuando se agrupan los estudios de Ciencias en una sección independiente del resto de materias, confiriéndoles un carácter académico, y además se esbozan planes para la realización del «Gabinete de Historia Natural». Éste se ubicó en el edificio histórico de la calle San Francisco.

Comienza a percibirse desde este momento un nexo de unión entre el coleccionismo geológico y la potenciación de los estudios científicos, relación que también se aprecia más adelante.

Según relata el polígrafo y rector ovetense Fermín Canella Secades en su Historia de la Universidad de Oviedo —una de las poquísimas fuentes disponibles para conocer aquella época—, el edificio universitario era compartido con el Instituto de segunda enseñanza, por lo cual debe entenderse que existía una cierta permeabilidad entre ambas instituciones, tanto de profesores como de material; fueron muchos los profesores del Instituto y de otros centros docentes que colaboraron activamente con la colección museográfica de ciencias naturales. El Instituto contaba «con los medios materiales de enseñanza necesarios para la instrucción, en especial la sección de Ciencias, con notables gabinetes de Física y Química é Historia Natural […], y no es para olvidar que el de Historia natural particularmente se enriquece frecuentemente con generosos donativos de asturianos» (Canella y Secades, 1888, pp. 273 y 274).

La gestación de un Gabinete de Historia Natural surgió hacia el año 1846 (aunque Naranjo y Garza lo sitúa un año antes), siendo rector Pedro Mata Vigil. Ya que por esa época aún no se había creado una cátedra de Historia Natural, la labor organizativa, tanto del propio Gabinete como del Jardín Botánico anexo, recayó (comisión rectora de 15 de octubre de 1846) sobre el profesor titular de Física, León Pérez de Salmeán y Mandayo. La formación naturalista de este ilustre y prestigioso profesor (con estudios de Ciencias Naturales en la Dirección de Minas, Museo de Ciencias Naturales de Madrid, Conservatorio de Artes y Jardín Botánico, amén de químico, físico y farmacéutico), propició su enorme vocación por el reino orgánico e inorgánico. Publicó, entre otros, un estudio sobre los manantiales y fuentes de Oviedo (1857), éste en colaboración con Fernández Luanco. Poco tiempo después de responsabilizarse del encargo rectoral, Salmeán fue nombrado catedrático numerario de Historia Natural (1 de febrero de 1848), decano de la Facultad de Ciencias en 1858 y en varias ocasiones rector, la primera en 1866.

Como mencionó Canella Secades, en la creación del Gabinete se volcó toda la sociedad asturiana, no sólo las administraciones sino también autoridades y profesorado universitario, asociaciones culturales —caso de la Sociedad Económica de Amigos del País, apoyo permanente de la Universidad— y, de manera muy destacada, gentes del mundo intelectual y algunos emigrantes «indianos». Aunque no hemos encontrado documentación historiográfica que lo avale, no parece improbable que parte de los fondos del Gabinete procedieran de la antigua colección del V conde de Toreno, dado que éste había emparentado con los Bernaldo de Quirós (alguno de cuyos miembros ostentó el marquesado de Camposagrado) y éstos sí es seguro que contribuyeron a impulsar la incipiente colección museística.

Fermín Canella Secades también destacó, en 1873, el papel sobresaliente de Amalio Maestre (como ya había comentado Naranjo en 1851), junto al catedrático Luis Pérez Mínguez (autor de un libro sobre Historia Natural) y José Sarandeses, en la fundación del Gabinete. Asimismo, menciona que además colaboraron otros muchos hombres de prestigio, relacionando una larga lista: Adriano Paillette, Lorenzo Nicolás Quintana, Manuel García Barzanallana (el marqués de Barzanallana tuvo, entre otros cargos, los de ministro de Hacienda y presidente del Senado) y Francisco Agustín Méndez Vigo. Agrega que también fueron benefactores del Gabinete: José María Bernaldo de Quirós y Llanes Campomanes (VI marqués de Camposagrado) —alias Pepito Quirós—, José Caveda y Nava, Domingo Álvarez Arenas, Antonio de la Escosura Hevia (político, economista y escritor), León de Salmeán y Mandayo, Pedro María Villaverde, Ignacio González Olivares, Salustio González Regueral (ingeniero de Caminos), Benito Canella Meana (catedrático de Derecho, secretario de la Universidad y padre de Fermín Canella, amén de político de tendencia liberal), Francisco Méndez Vigo (presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País), Juan Posada Herrera (político y escritor), Carlos Merás, Benito Macua, Laureano Fernández Cuevas, Ventura Beltrán, Eugenio Menéndez Valdés, Remigio Salomón, Paulino Carriedo, Pedro Fernández Caneja, Francisco de Borja Canella (militar, hermano de Fermín), Padín, Ricardo Acebal del Cueto (ingeniero de Montes) y Rafael Altamira (catedrático de Historia del Derecho).

Durante los primeros años de su funcionamiento, la dirección la ostentaba el profesor encargado de las materias de Historia Natural, ocupándose de dicha actividad, además de Salmeán, Amalio Maestre, Pascual Pastor López y Luis Pérez Mínguez, entre otros.

2.2. El contenido

El Gabinete contaba con un conjunto heterogéneo de animales, plantas, fósiles, rocas y minerales que aumentaban —con un ritmo muy acusado— gracias a campañas de recolección sobre el terreno y a notables aportaciones foráneas, de manera que se llegó a registrar a los benefactores en una especie de «libro de honor» (Canella, 1873; Martínez y Ordaz, 1983). En la sección zoológica colaboraba el taxidermista José Sarandeses, que disecó varios ejemplares de la fauna cantábrica, mientras que la división geognóstica (llegó a alcanzar aproximadamente 1.500 ejemplares de estudio y 700 ejemplares clasificados) contó con la entusiasta aportación y cooperación de los ya mencionados expertos mineralogistas Amalio Maestre Ibáñez —ingeniero del Distrito Minero de Asturias y Galicia— y Máximo Fuertes Acevedo, mereciendo reiteradas alusiones de Calderón (1910) en su gran obra Los Minerales de España.

Se dispone de escasa información sobre las colecciones que albergaba el Gabinete, pero sobresalían, con diferencia, las de carácter zoológico (tanto de vertebrados como de invertebrados) sobre las de nexo geológico. Los Anales de la Universidad de Oviedo correspondientes a los años 1905-1907 recogen un artículo del profesor Francisco de las Barras, encargado de las enseñanzas de la Historia Natural; menciona, de manera especial, que los alumnos realizaron un Catálogo del Gabinete desde sus comienzos hasta el final del año 1906 (Barras, 1907a, p. 26), inventario que desgraciadamente desapareció o se halla en paradero desconocido.

Se trataba de un mundo pluridisciplinar, en el que coexistían, catalogados en vitrinas, objetos naturalistas de la más variada índole. Como anécdota, cabe indicar que Barras (1907b) relata la existencia en el mismo de varios monstruos (cerdo con un solo ojo muy grande, becerro con dos cabezas, perros y gatos con doble cuerpo, niño con dos cabezas y niño sin cabeza y tórax).

Las escasas fotografías que se pudieron conservar del Gabinete ofrecen perspectivas muy generales y no permiten relacionar con detalle sus materiales, pero sí proporcionan una visión museística con ordenados criterios expositivos. Canella Secades (1873) pormenoriza sobre el contenido de las colecciones existentes: «Es bastante completa la colección de minerales, en número de 700 aproximadamente, antes clasificados por el sistema Beudant, teniendo además una excelente colección de fósiles y rocas y magníficos aerolitos […]». Por su parte, José Rioja, al describir las enseñanzas de Historia Natural y referirse a la conveniencia de separar las recopilaciones de materiales del Instituto de las propias de la sección de Ciencias de la Universidad, relata que se dispuso: «en Geología y Mineralogía, una de minerales ordenados según la clasificación de Tschërmak, separando ejemplares demasiado repetidos para trabajos de alumnos en el laboratorio, y otro de rocas según la clasificación de Geikie, haciéndose los catálogos de ambas; además, otra de fósiles, de que es preciso formar catálogo en el próximo curso» (Rioja, 1902, p. 171).

Máximo Fuertes menciona en su Mineralogía asturiana —obra premiada en la Exposición de Minería celebrada en Madrid en 1883— que depositó en el museo un espécimen de hematites de las areniscas ferruginosas de la Formación Naranco. Describe el ejemplar de la siguiente manera: «En masas de poco volúmen, de forma globulosa ú ovoidea, huecas, formadas en lo general de capas concéntricas, y en cuyo interior se halla un núcleo suelto y movible y á veces sólo polvo de rojo vivo: el Gabinete de Historia Natural de Oviedo posee una hallada por nosotros en la montaña del Naranco» (Fuertes Acevedo, 1884, p. 53).

Entre las piezas geológicas destacaban tres pedazos del meteorito caído en Oviedo en agosto de 1856, depositados por el catedrático Luis Pérez Mínguez (Ordaz et al., 1998-99; Ordaz et al., 1999) y que desaparecieron al ser incendiado el edificio histórico en 1934. En la actualidad existen ejemplares del mismo en los museos de Ciencias Naturales de Madrid (donado por Salmeán) y de París (obsequio de Casiano de Prado).

Otros ejemplares singulares que figuraban en la colección eran fragmentos de otro meteorito caído en Asturias, éste en Cangas de Onís el 6 de diciembre de 1866 (Fuertes Acevedo, 1884; Ordaz et al., 1998-99; Escorza et al., 1999), logrados gracias a la mediación del rector León de Salmeán, quien se interesó vivamente por el suceso. Solamente una de las piezas permaneció en el centro docente de Oviedo tras el incendio de 1934; el resto se encuentran en paradero desconocido o dispersas por las Universidades de Sevilla, Santiago de Compostela y Valladolid, así como en los Museos de Ciencias Naturales de Madrid, París, Londres y Washington (Ordaz et al., 1998-99).

Llopis Lladó recuperó en 1950 el trozo de meteorito de Cangas de Onís que aún se conserva (se comenta, para sonrojo de todos, que se utilizaba para sujetar una puerta). Se trata de una auténtica «joya de la corona» pues es el único componente representante del antiguo Gabinete de Historia Natural que está registrado en el actual Museo de Geología.

Poco se sabe del resto del material geológico existente, aunque no debía de ser muy abundante en relación con el biológico. Rioja y Martínez del Castillo (1903) se refieren sucintamente a la existencia de unas incompletas colecciones de fósiles y rocas, comentando de esta última: «hasta el punto de no merecer el nombre de colección, pues apenas están en ella representados los tipos más importantes». También se conoce que entre 1905 y 1907 se adquirieron 70 preparaciones microscópicas de rocas y un globo geológico (Anales de la Universidad de Oviedo, t. IV, p. 312).

2.3. El complemento botánico del Gabinete

En 1846 se fundó además un «Jardín Botánico» en el parque de San Francisco como complemento del Gabinete de Historia Natural. Surgió a raíz de la desamortización de Mendizábal (1845) al promulgarse una ley disponiendo el establecimiento de un jardín en cada Universidad Literaria del país e inmediatamente se estableció un acuerdo entre la Universidad y la Sociedad Económica de Amigos del País (13 de mayo de 1846) para solicitar del Ayuntamiento la concesión de los terrenos de la huerta del antiguo convento de San Francisco. El contrato (escritura pública de 15 de noviembre de 1846) estipulaba que la Universidad debía derribar una tapia existente entre el Jardín Botánico y el propio parque, y sustituirla por una verja de hierro. El consistorio exigió su cumplimiento en varias ocasiones hasta que, el 6 de marzo de 1871, cuarenta albañiles municipales tomaron el jardín al asalto, derribaron la tapia que lo aislaba del campo de San Francisco y quedó incorporado a éste (Barras, 1907c).

2.4. El vaivén de los estudios de ciencias

Al amparo del plan Moyano —con contenidos eminentemente burocráticos—, se fundó la primera Facultad de Ciencias de Oviedo en el año 1857 —casi 250 años después de la creación de la Universidad—, agrupando las materias de Matemáticas, Física, Química y Ciencias Naturales. El primer decano de Ciencias, León de Salmeán —al igual que ya había hecho en los momentos fundacionales del Gabinete— organizó laboratorios de investigación por primera vez conocidos en Asturias (Arribas Jimeno, 1984). Para ello se trajo material mineralógico y algunos aparatos científicos del Instituto Jovellanos de Gijón, el cual se había formado, a su vez, con restos del antiguo Real Instituto Asturiano fundado por el ilustre Jovellanos.

El contexto socioeconómico de esta época era un tanto peculiar. El analfabetismo alcanzaba, por el año 1845, al 80% de la población, pero ya comenzaba a consolidarse en Asturias un pujante mundo empresarial, con entidades tan destacadas como Fábrica de Trubia, Minas de Arnao, Minas de Langreo y Siero, Fábrica de Mieres, Real Compañía Asturiana de Minas, etc.

El poco éxito de alumnado (6 alumnos matriculados en 1858 y solamente 2 al año siguiente) propició el cierre de la Facultad en 1860, a pesar de la importante y altruista actividad social que desarrolló, quedando a disposición del Instituto tanto los profesores como los medios materiales del Gabinete. La colaboración de la Facultad para resolver problemas de la emergente industria regional por aquellas fechas, fue descrita por Fermín Canella Secades en los siguientes términos: «Aunque fue tan fugaz el primer periodo de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Oviedo fueron grandes las utilidades que prestó á la provincia. Ella despertó la industria minera asturiana analizando gratuitamente el cinabrio, los plomos argentíferos, la calamina, el cobre y, particularmente, los hierros y carbones de nuestras cuencas. A instancia de los Gobernadores y Diputación Provincial se conocieron las aguas minerales del país y con especialidad la de sus casas balnearias; el Municipio de Oviedo tuvo calificadas las aguas potables de la población […] (Canella Secades, facsímil de la 3.ª edición de 1903-1904, p. 194).

Aunque no se dispone de documentación fehaciente, la extinta Facultad de Ciencias debería de poseer, además de buenas técnicas analíticas, una digna dotación en el ámbito de las ciencias de la Tierra, a juzgar por las declaraciones efectuadas por Fuertes Acevedo. Al referirse este autor a la Escuela de Capataces de Minas en Mieres, menciona de soslayo: «Preciso es conocer, sin embargo, que esta escuela no satisface por completo las necesidades que reclaman estas industrias, lo que sólo se alcanzará con el establecimiento de un Instituto industrial de fácil planteamiento si se tiene en cuenta que la Universidad de Oviedo posee excelentes medios materiales para el estudio de estos ramos del saber, procedentes de la suprimida Facultad de Ciencias de esta Escuela Literaria» (Fuertes Acevedo, op. cit., p. 17).

La etapa que abarca el último tercio del siglo XIX puede ser calificada como de estado letárgico para el Gabinete, pues disminuyó la asignación presupuestaria, los envíos de ejemplares y el personal que lo atendía (Martínez y Ordaz, 1983).

La inexistencia de una Facultad de Ciencias en una región con un destino industrial cada vez más patente, preocupaba a la sociedad asturiana de la época. Basándose en el grato recuerdo que había dejado el apoyo analítico prestado por la Universidad a las necesidades mineras y fabriles de aquellos tiempos, sr retoma la idea de volver a crear otro centro científico. El hecho se consolidó en 1895 (R. O. de 9 de julio) bajo la iniciativa del rector Félix Pío de Aramburu y Zuloaga, el cual recabó el concurso de la Diputación Provincial y del Ayuntamiento de Oviedo para sufragar, de manera compartida, una «Sección de Ciencias Físico-matemáticas», dado el robustecimiento de la industria carbonífera y siderúrgica. La aportación económica de las dos entidades asturianas cesó cuando las enseñanzas científicas adquirieron carácter estatal, en 1904 (R. O. de 1 de enero).

En el año académico 1895-1896 ya se impartían, con carácter oficial, los dos primeros cursos comunes de las licenciaturas científicas (Matemáticas, Físicas, Químicas y Naturales), y también los correspondientes a la preparación exigida para el ingreso en todas las Escuelas de Ingeniería y de Arquitectura y el llamado año preparatorio para las carreras de Medicina y Farmacia (Arribas Jimeno, op. cit.). Con las modificaciones introducidas en 1900 (R. D. de 4 de agosto), dichos estudios comprendían Análisis matemático, Geometría, Química, Física, Mineralogía y Botánica y Zoología general.

2.5. Los albores del siglo XX

Los avatares relatados repercuten en la marcha del Gabinete, que muestra una etapa de cierta prosperidad paralela al florecimiento de las enseñanzas de las Ciencias Naturales en los planes de estudio. Efectivamente, los años finales del XIX y los primeros de la siguiente centuria fueron enriquecedores para dicho servicio y, de manera singular, coincidiendo con la celebración del III Centenario de la Universidad de Oviedo (1908).

Así, en el año 1899 es nombrado catedrático de Historia Natural José Rioja y Martín, para impartir las asignaturas de «Mineralogía y Botánica» y «Zoología». De acuerdo con Adán Álvarez (2000), puede decirse que esta circunstancia refuerza los logros de la Sección de Ciencias, creada cuatro años antes, y comienza a perfilarse un moderno Museo de Ciencias Naturales, pues hasta entonces las colecciones se encontraban «un tanto desordenadas, incompletas, faltando á veces la representación de tipos enteros, de animales y vegetales; compuestas de ejemplares estropeados ó sucios por la acción del polvo, al que permite acceso su vieja y apolillada instalación; y, finalmente, con etiquetas cambiadas y por tanto denominación falsa en algunos de los ejemplares, ha sido necesario proceder á una detenida limpieza y revisión de todos ellos, á una confirmación ó rectificación de su determinación y á disponerlos con arreglo a las modernas clasificaciones, completando con nuevos objetos las colecciones incompletas y creando las no existentes» (Rioja, 1902, pp. 170 y 171).

Esta buena marcha del Gabinete se vio favorecida con la visita realizada en 1902 por el rey Alfonso XIII a la Universidad de Oviedo (Quevedo, 1903). En el acta del Claustro celebrado el 6 de agosto de 1902 se recogen los pormenores de la misma, visitando el monarca el Gabinete de Historia Natural. El catedrático de Instituto, Elías Gimeno y Brun —activo colaborador con Rioja en la conservación y catalogación de los materiales existentes—, fue el encargado de mostrar «las ricas colecciones allí existentes, de las que dio noticias y datos curiosos, llamando la atención de aquéllos el oso disecado, regalo del excelentísimo Sr. Marqués de Camposagrado, que constituye un hermoso ejemplar de la región asturiana». En la visita no todo fueron parabienes, pues también se aludió a lo reducido de los locales y a la escasez de fondos para aumentar el material.

Gracias a una «campaña patriótica» emprendida por el rector Fermín Canella para mejorar la enseñanza pública, en el año 1910 se recibieron aportaciones beneficiosas para el Gabinete. Destaca la donación de «una valiosa colección de antigüedades y objetos de Chile» por parte de José María Moldes, natural de Castropol y emigrado a Iquique (Chile), y que ya había realizado otras ofrendas a la Universidad. Constaba de «notables ejemplares de fósiles, minerales de cobre, óxido de hierro, estaño, cuarzo, borato, otros minerales sin analizar, plata, piedras de la Pampa Antofagasta, frascos de caliches…», y fue colocada en el Gabinete por el profesor encargado de Ciencias Naturales, Benito Álvarez Buylla (Anales de la Universidad de Oviedo, t. V, pp. 551-553). El Claustro universitario acordó otorgar un diploma de gratitud y reconocimiento al citado benefactor.

En el mismo sentido, el abogado y escritor naviego residente en Argentina, Rafael Calzada, giró una visita a la Universidad el 4 de noviembre del mismo año y entregó la ingente cantidad de 5.000 pesetas, de las cuales se destinaron 3.000 pts. «á la adquisición del mejor modelo de microscopios del sistema Zeiss» (Rioja, op. cit., p. 173).

2.6. El Gabinete y la docencia universitaria

Tanto el local como el material del Gabinete eran utilizados para la realización de clases teórico-prácticas de Historia Natural. En los comienzos del siglo XX se encargaba de las enseñanzas José Rioja —gran activador del Gabinete—, auxiliado en las clases prácticas por Antonio Martínez y Fernández del Castillo. Más tarde impartieron docencia Francisco de las Barras de Aragón y Benito Álvarez Buylla.

Los alumnos recibían clases prácticas de Mineralogía, Botánica y Zoología, para las que se disponía de material principalmente recogido en diversas zonas del Principado. En el caso de la primera materia, las enseñanzas teóricas se complementaban, un día a la semana, con 3 horas de prácticas de índole experimental (Úrios, 1902).

Contando con las ayudas económicas procedentes de la matrícula (320 pts. correspondientes a 32 alumnos), las aportaciones consignadas entre la Diputación y el Ayuntamiento (1.000 pts. para gastos menores de toda la Facultad), así como con material adquirido a crédito, se logró realizar una instalación de 24 puestos de trabajo, divididos en cuatro secciones. Cada una disponía de las colecciones del propio Gabinete y de diverso instrumental científico, destacando un microscopio de la casa Zeiss, «con objetivos apocromáticos y oculares compensadores, aparato para dibujar á la cámara clara y micrómetros (Rioja, op. cit., p. 173). También se contaba con un material cedido por el Instituto de segunda enseñanza, alojado en el mismo edificio, y con otro prestado por profesores de la escuela de Capataces de Mieres, por ejemplo un aparato micro-fotográfico propiedad de Domingo de Orueta y Duarte (autor de un celebrado libro sobre microscopía).

Entre otros menesteres, los alumnos hacían preparaciones microscópicas de minerales y rocas, medían con el goniómetro los ángulos de los cristales, buscaban elementos de simetría, identificaban las formas cristalinas, determinaban la composición química de minerales y carbones y estudiaban al microscopio láminas petrográficas. Taldes Fernández (1911) describe con detalle una lección de Mineralogía, en la cual se abordan aspectos relacionados con las propiedades de los minerales: exfoliación, dureza, elasticidad y densidad.

Asimismo, es de subrayar que se realizaban excursiones científicas por la zona central de Asturias (Caldas, Naranco, Gijón, Avilés, etc.), uno de cuyos objetivos se centraba en observar y describir aspectos geológico-mineralógicos. El profesor Buylla (1911) recoge la opinión de un alumno sobre las salidas de campo que se llevaban a cabo: «Al mismo tiempo que conocimientos nos dan momentos de solaz y alegría».

En los Anales de la Universidad de Oviedo —valiosísima fuente de consulta— aparecen reseñas de algunas excursiones, escritas por los propios alumnos (Gómez Carneado, 1907; Vega y Valvidares, 1907; Escobedo González Alberú, 1911; Álvarez Quiñones, 1911).

2.7. Los últimos episodios

El Gabinete de Historia Natural sufrió un cambio importante en 1913, año en que se compró el palacio de Cueto, construido en 1730 por la familia del mismo apellido y que por aquel entonces estaba habitado por el regidor perpetuo José Gabriel Fernández Cueto. Edificio anexo al conocido como histórico y que fue derribado para construir en su lugar un pabellón para cátedras, gabinetes (entre otros el de Historia Natural) y laboratorios. Por esta época (1915) tomó posesión de la Cátedra de Mineralogía y Botánica y Zoología General de la Facultad de Ciencias, Enrique de Eguren y Bengoa —posteriormente sería rector en 1929—, al que el Gabinete debe muchas de sus mejoras, pues gracias a su dirección fue objeto de importantes ampliaciones, llegando a ser considerado como uno de los mejores de España. Eguren publicó, entre otras obras de interés —muchas de las cuales trataban aspectos antropológicos—, un extenso estudio sobre «Asturias, tierra privilegiada» (Revista de la Universidad de Oviedo, 1943, 114 pp.) en el que aborda la riqueza de su subsuelo.

El capítulo final del Gabinete aconteció en los penosos sucesos revolucionarios de 1934, al arder el inmueble universitario el 13 de octubre, coadyuvando a su destrucción las detonaciones de dinamita que se había colocado en distintas dependencias del mismo. Este suceso afectó a la totalidad del interior del recinto —y parcialmente al Gabinete de Historia Natural, al encontrarse en el edificio anexo—, salvándose de la quema sólo los muros.

Tras este hecho desgraciado, el profesor Eguren se esforzó en recoger y ordenar los escasos restos que aún se conservaban, pero los acontecimientos de la Guerra Civil marchitaron sus ilusiones, produciéndose entonces un atroz expolio de lo poco que quedaba del Gabinete. De esta manera termina una relevante aventura científica de 90 años, que tuvo su prólogo en León de Salmeán y su epílogo con Enrique de Eguren, dos de los pocos rectores con formación naturalista que tuvo la Universidad de Oviedo.

3. LA PRIMERA COLECCIÓN PROPIAMENTE GEOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO

En junio de 1948 —casi un siglo después de la creación del referido Gabinete— se produce un acontecimiento de enorme repercusión para el desarrollo geológico en Asturias. Noel Llopis Lladó obtiene por oposición la Cátedra de Geografía Física y Geología Aplicada. La incorporación de este entusiasta naturalista barcelonés a la Universidad de Oviedo supuso un decisivo impulso en la enseñanza e investigación de la Geología.

Llopis, además de excelente docente e investigador, desarrolló una intensa actividad organizativa y divulgadora. Fundó y dirigió el «Instituto de Geología Aplicada» (O. M. de 9 de febrero de 1955) que, integrado en la Facultad de Ciencias, constituyó el núcleo embrionario para el establecimiento de estudios geológicos universitarios tres años después. De manera transitoria y a modo de ensayo se implantó una especie de diplomatura de «Geología para químicos» que comenzó su andadura en el curso 1956-1957, impartiéndose las clases en un piso alquilado en la plaza América. Una decena de estudiantes de Químicas, después de cursar dos años de «diplomatura geológica» en dicho piso y luego otros cuatro (1958 a 1962) en la recién creada «Sección de Geología», situada en el edificio de la citada Facultad en la calle Calvo Sotelo, constituyeron la primera promoción de geólogos de la Universidad asturiana. En el local de la plaza América se instalaron algunas vitrinas con minerales, rocas y fósiles con los que se organizaban las clases prácticas de los futuros geólogos, mientras que, por falta de espacio, las exiguas colecciones de materiales se encontraban en el edificio universitario de la plaza de Feijoo (sede actual de la Facultad de Psicología), donde se encontraba el despacho de Llopis.

Efectivamente, en 1958 tuvo lugar la creación de la «Sección de Ciencias Geológicas» (O. M. de 13 de agosto de 1958) y el traslado a la Facultad de Ciencias (inaugurada el 20 de septiembre), compartiendo espacio con los químicos durante una docena de años. Es entonces cuando se consigue un espacio para albergar el primer esbozo de museo, ubicado en la planta principal de la actual Facultad de Ciencias, donde actualmente se encuentran Matemáticas y Física.

La labor museística de Llopis en estos años se vio arropada por Eduardo de Fraga Torrejón, profesor recién jubilado de la Escuela de Magisterio, que ejercía de manera altruista el papel de conservador de una incipiente colección geológica. Fraga era un gran aficionado a la Mineralogía, así como a la Paleontología —publicó, entre otros, en 1929 dos interesantes estudios titulados Notas sobre la mineralogía asturiana y Nota acerca de la fauna de mamíferos fósiles de Mestas de Con.

Este periodo auspiciado por Llopis puede ser considerado como una primera etapa del actual Museo, encontrándose aquí el germen de los fondos que se poseen actualmente. La contribución de los alumnos, profesores y donaciones de benefactores ayudó al incremento del patrimonio, pues en aquel tiempo se solicitaba a los estudiantes del curso selectivo de las licenciaturas científicas la entrega de 20 ejemplares de minerales y/o fósiles, precisamente localizados, con la finalidad de engrosar la naciente colección museográfica. Este espacio, no obstante, sólo estaba reservado a los estudiosos pues los ejemplares no se encontraban disponibles para la observación del público no universitario.

En 1969 tuvo lugar el cambio al actual edificio de Llamaquique —calle Jesús Arias de Velasco—, obra de diseño innovador del arquitecto Ignacio Álvarez Castelao. Previamente a realizar el transporte de material, los profesores de Mineralogía Carlos Luque Cabal y Valentín Suárez Suárez inventariaron la colección de minerales que se conservaba en bandejas distribuidas en ocho vitrinas.

El aspecto negativo fue que, como consecuencia del proceso de traslado, la colección se desmembró entre las distintas áreas de conocimiento geológicas, al no haberse previsto un espacio adecuado para su alojamiento, dado que el mismo edificio era compartido por los estudios de Geología, Biología y, durante un tiempo, Medicina. A partir de entonces, parte de las colecciones de minerales, fósiles y rocas se fueron acumulando en vitrinas en las diversas plantas; otra porción tuvo un uso docente como material de prácticas y, el excedente, se ubicó en los sótanos del inmueble, sin un debido control.

En la década de los años 70 comienzan a leerse las primeras tesis doctorales de Paleontología, realizadas bajo la dirección de Jaime Truyols Santonja, con lo que se consigue incrementar de manera sustancial las colecciones de fósiles de la Cordillera Cantábrica. Otros investigadores de diversas universidades europeas (Leiden, Münster, Würzburg, Tübingen, Münich, Göttingen, Bochum, Clausthal, Frankfurt, Sheffield, Leeds, Bristol, Londres, Lille, Bres, Rennes, París, etc.) también trabajaron en la cadena orográfica, pero el abundante material geológico recogido lo depositaron en los laboratorios de sus respectivos centros de trabajo.

En 1983 tiene lugar la promulgación de la Ley Orgánica de Reforma Universitaria, según la cual la organización y desarrollo de la investigación y de las enseñanzas recaían en los Departamentos. La posterior aplicación de esta ley culminó con la elaboración de los Estatutos de la Universidad de Oviedo (R. D. 1295 de 3 de julio de 1985), a cuyo amparo se creó el Departamento de Geología (1987) que agrupaba entonces cinco áreas de conocimiento (Geodinámica, Paleontología, Petrología, Estratigrafía y Cristalografía y Mineralogía).

El macro-Departamento recién creado se encargó de coordinar e impartir —tal como contemplaba la legislación— la docencia geológica, no solamente en la Facultad de Geología, sino también en todos los centros universitarios en cuyos planes de estudio figura esta disciplina científica. Se conseguía así una unidad operativa trascendental en el campo de las ciencias geológicas asturianas, permitiendo anexionar los pequeños grupos departamentales previos y compartir medios materiales y equipos humanos. Este marco unificador propició la posterior gestación de un moderno Museo de Geología.

4. EL ACTUAL MUSEO DE GEOLOGÍA

En el curso 1984-1985 se produce la evacuación del edificio que albergaba los estudios de Geología (ya dentro del marco de la Facultad de Geología, creada por O. M. de 5 de febrero de 1982) debido a problemas en la estructura del mismo. Era el origen de una situación anómala de envergadura, que continuó al aparecer grietas y detectarse fallos de asentamiento en el inmueble. Tras un análisis detenido de la situación, se decidió la evacuación del mismo y el traslado provisional de los estudios de Geología a las Facultades de Económicas y de Geografía, en el Campus de El Cristo, y al edificio histórico, aunque algunas clases se seguían impartiendo en el aulario de Llamaquique. Defectos estructurales graves amenazaron con el colapso del edificio. La situación llegó a ser tan crítica que obligó a profesores, alumnos y otras personas vinculadas a colaborar en el embalaje urgente de lo que se podía salvar. No todo salió del edificio en las debidas condiciones, y lo quedó acabó en los contenedores de escombros.

Entre 1995 y 1996 se remodeló el espacio donde se alojaba la Facultad de Geología, tras la marcha de Biología a su nuevo edificio en El Cristo. Se disponía, por entonces, de una colección de minerales situada en el pasillo del Área de Cristalografía y Mineralogía que posteriormente se ubicó en unas vitrinas en el vestíbulo de la Facultad para evitar el deterioro de un traslado. Algo similar ocurrió con las colecciones paleontológicas.

Durante las labores reparadoras, el director del Departamento de Geología de aquella época, Javier Álvarez Pulgar, y su equipo tuvieron la perspicacia y buen sentido futurista de reservar un local para albergar un museo. Pero debieron pasar seis años más (hasta marzo de 2001) para poder disponer de un presupuesto —otorgado por el vicerrectorado del Campus e Infraestructuras— para amueblarlo, diseñándose unas vitrinas ex profeso para el tipo de muestras a exhibir.

El entonces director del Departamento, Luis Carlos Sánchez de Posada, designó una comisión de profesores representantes de cada una de las áreas de conocimiento: Miguel de Arbizu Senosiaín (Paleontología), Montserrat Jiménez Sánchez (Geodinámica Externa), Alberto Marcos Vallaure (Geodinámica Interna), Dámaso Moreiras Blanco (Mineralogía), Ofelia Suárez Méndez (Petrología) y Marta Valenzuela Fernández (Estratigrafía), al frente de la cual se encontraba como comisario el Dr. Moreiras, y cuya misión consistió, en aquel momento, en elegir la temática expositiva y los materiales propios de sus respectivas especialidades. Asimismo se creó un puesto de conservador que ocupa Luis Rodríguez Terente.

Los contenidos del Museo se escogieron atendiendo a las muestras más llamativas que entonces se poseían, y para buscar un nexo común entre la heterogeneidad temática ofertada en las diferentes unidades expositivas se adoptó como símbolo de la exposición inaugural un canto rodado.

La inauguración tuvo lugar el 15 de noviembre de 2001, festividad de San Alberto Magno, con la presencia de las principales autoridades académicas, presididas por el Sr. Rector, Juan Vázquez García, y casi doscientas personas.

Al fallecimiento del profesor Moreiras lo sustituyó —bajo el mandato del actual director del Departamento, Agustín Martín Izard— el Dr. Manuel Prieto Rubio, como representante del área de Mineralogía en la comisión, y se hizo cargo de la dirección del Museo el primer firmante de este artículo (abril de 2005).

El Museo cuenta, en la planta baja de edificio, con un espacio de 140 metros cuadrados, en el que se dispone un conjunto de vitrinas complementadas con otras localizadas en ámbitos adyacentes (vestíbulo y pasillos), así como de una zona en el exterior con parterres donde se exhiben materiales geológicos de mayores dimensiones.

También en los parterres se pretende crear un «jardín de piedras», seleccionando materiales de rocas, fósiles o minerales, que normalmente aportan empresas mineras de la región, intentando con ello completar un atractivo recorrido naturalista, favorecido por un entorno ajardinado adornado con un nutrido número de especies botánicas.

En la sala de exposiciones se muestran regularmente unos 800 ejemplares distribuidos en 27 unidades temáticas. Está concebido para crear un sistema expositivo dinámico, de manera que las piezas se renuevan periódicamente. En el mismo sentido, salvo en expositores con fines exclusivamente docentes, se ha huido de la colocación de las muestras de forma sistemática —diseño museográfico desaconsejado en los tiempos actuales.

Alguna de las vitrinas cuenta con un sistema de iluminación basado en la fibra óptica, diseñado para colocar cristales transparentes sobre los puntos de luz sin que el calor deteriore los ejemplares. El resto de la iluminación consiste en bombillas halógenas, que dotan a la sala de una atmósfera cálida y agradable al visitante. Adyacente al propio Museo se aprovechan los pasillos y el vestíbulo con otras unidades expositivas que, al estar en un lugar de tránsito continuo, se renuevan con mayor frecuencia.

Al Museo se encuentra anexionada una surtida Litoteca, donde se archivan y almacenan, bajo un estricto control, 19.061 muestras que han sido recopiladas por los investigadores universitarios a lo largo del tiempo; de manera que el estudioso puede contar, entre otros materiales, con una amplia y completísima colección de fósiles, estructuras sedimentarias y tectónicas, una variada tipología de rocas, y en la actualidad se está realizando un acopio de muestras de los yacimientos minerales que se beneficiaron, o aún se explotan en la región.

Pese a la extraordinaria riqueza geológica de Asturias —probablemente la región española mejor dotada—, y con el fin de inculcar la idea de la globalidad de los fenómenos geológicos, se ha recopilado también material procedente de otras latitudes tanto nacionales como del extranjero.

Son cuatro las vías de acopio de ejemplares al Museo. Una buena parte de ellos son recogidos directamente en el campo, resultado de una búsqueda intencionada o de la aportación de campañas de investigación del personal docente. La segunda fuente de llegada son las donaciones altruistas de personas motivadas. El tercer conducto del que se nutre es la adquisición, por compra, de ejemplares relevantes. Y por último, se dispone de préstamos temporales de algunos coleccionistas que desinteresadamente entregan muestras para su exhibición.

Una finalidad importante de esta institución museística es su misión eminentemente docente —amén de la divulgadora—, dado que la mayoría de sus visitantes son estudiantes universitarios y de colegios e instituciones de enseñanza media, aunque también se recibe al público infantil, al que se le obsequia con u mineral o un fósil de recuerdo. Es de destacar el empeño por servir de ayuda complementaria a las enseñanzas de la propia Facultad de Geología, singularmente en las temáticas relacionadas con Paleontología, Mineralogía y Petrología.

La aceptación del Museo puede calificarse como de muy digna, pues en su primera etapa de actividad se han contabilizado en más de 12.000 las personas que lo conocieron (cerca de 400 visitas guiadas), cifra alcanzada a pesar de que sus dependencias están cerradas los fines de semana y durante el mes de agosto. El grado de satisfacción del visitante se estima en muy elevado.

El propósito fundamental es ofrecer al observador una idea de lo amplio que es el ámbito de las ciencias geológicas, procurando presentarlo bajo un punto de vista lo más atractivo y sorprendente posible, aunque sin descuidar los aspectos rigurosamente científicos. La limitación del espacio disponible plantea retos que se resuelven con exhibiciones temáticas fuera del propio recinto museístico. De este modo se han realizado exposiciones temporales sobre diferentes temáticas de nexo geológico.

5. CONCLUSIONES

El germen de un museo con contenido geológico fue el Gabinete de Historia Natural, en cuya gestión previa tuvieron una notable participación importantes personalidades de la Ilustración asturiana, de manera especial el triunvirato constituido por los condes de Toreno y de Campomanes y por Jovellanos.

El Museo de Geología de la Universidad de Oviedo arranca a mediados del siglo XIX y tras diferentes avatares —muchas veces relacionados con acontecimientos políticos o administrativos— llega hasta la actualidad. En su creación participó activamente la sociedad asturiana, destacando la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Los casi 160 años de actividad museográfica geológica de la Universidad de Oviedo, aunque con una trayectoria con morfología en dientes de sierra, han servido para crear un núcleo científico de aptitud constatada al servicio fundamentalmente de la docencia. Las investigaciones realizadas por muchos profesores a lo largo y ancho de toda la geografía asturiana y su entorno han fructificado en un conocimiento geológico regional de primera magnitud, comparable al existente en los países más punteros, y coadyuvaron a disponer de abundantes materiales representativos de su composición litológica, del desarrollo de la vida a través de las distintas etapas geocronológicas, de su estructuración y de las riquezas de su subsuelo.

El Museo se encuentra en una etapa creativa que deseamos no vuelva a ser, una vez más, interrumpida por acontecimientos adversos como los descritos. No se le oculta a nadie que la consolidación museística pasa por disponer de mayor espacio expositivo y, ¿por qué no?, por su ampliación temática, quizás hasta lograr una unidad que englobe la totalidad de ciencias de la naturaleza, emulando sus orígenes.

En el desarrollo del Museo actual han estado involucradas muchas personas a las que rendimos un cordial y merecido tributo de gratitud. Merced al esfuerzo de las citadas a lo largo del artículo, y de otras muchas anónimas, la Universidad de Oviedo puede mostrar con orgullo a la sociedad asturiana una notable colección museográfica de materiales geológicos.

En la avenida de Galicia, en pleno casco urbano de Oviedo, se puede contemplar este hermoso palacete rodeado de jardines y llamado «Villa Magdalena». Se trata de un edificio ecléctico construido en 1902 por Juan Miguel de la Guardia (1849-1910), por entonces arquitecto municipal, y reformado en 1940 por Francisco y Federico Somolinos. De la finca sobresale hacia la calle un romántico cenador, cercano a la plaza de América.

Este palacete, que nació como «Villa Rosita», lo proyectó De la Guardia por encargo de Victoriano G. Campomanes, un acaudalado comerciante con una importante tienda de ultramarinos en la calle Uría. Durante la I Guerra Mundial lo compró un industrial de Mieres, que se arruinó en los años veinte, siendo embargada la finca. Ésta recibió su nombre actual cuando la adquirió el industrial y financiero Alfredo Figaredo Herrero, casado con María Argüelles Álvarez-Campa, su última propietaria y moradora.

Para el arquitecto Emilio Llano, «el valor de este edificio es puramente simbólico, decorativo. No aporta a la arquitectura ningún avance» («La mirada experta», diario La Nueva España de Oviedo, 24-10-1999, p. 11). Según él, «el interés arquitectónico que tiene “Villa Magdalena” es que responde al gusto burgués de principios de siglo y que es el único ejemplo que queda de esa relación entre la sociedad culta y rica y el tiempo de construcciones que demandaban. De características similares en la ciudad había otro palacete en la plaza San Miguel y otro en el solar del Banco de España. Pero todos han ido desapareciendo. Eran el reflejo de una sociedad burguesa que pertenecía a la oligarquía económica y de poder de la Asturias del primer cuarto de siglo». Llano destaca de él su buen equilibrio formal y el correcto empleo del lenguaje ecléctico («Es decir, todos los elementos de adorno y diseño que se ven en la fachada enriquecen compositivamente la arquitectura que pretende, fruto de la estética que imperaba en la época»), así como el refinamiento de los espacios interiores, con unas estancias de clara influencia afrancesada.

Destinado actualmente a biblioteca municipal, el chalet, que ha sido expropiado por el Ayuntamiento de Oviedo y rehabilitado para uso cultural con un proyecto del arquitecto Emilio Llano, acoge también el legado Tamés, colección artística y bibliográfica que dejó a la ciudad de Oviedo el promotor Andrés Tamés del Valle, fallecido en 1996, quien fue presidente de Propiedades Urbanas, S.A. (Prusa). Esta colección está formada por 93 piezas artísticas, entre pinturas, grabados, dibujos y esculturas, y un fondo de 1.145 libros de arte. En el legado, que presenta una amplia variedad de técnicas y soportes, de estilos y materiales, aunque prácticamente todas las obras tienen como denominador común representar el arte moderno, hay creaciones de artistas como Luis Feito, Fernando Zobel, José María Sicilia, Enrique Brinkmann, Antonio Suárez, José Luis Fajardo, Juan Gomila, Alejandro Mieres, Gerardo Pita, Melquiades Álvarez, Antonio Saura, Daniel Villalba, Miguel Ángel Lombardía, Orlando Pelayo o Chillida, con obras que han pasado a enriquecer el patrimonio cultural de la ciudad y del municipio de Oviedo.

Los jardines de Villa Magdalena —de menor extensión que la actual en su diseño original— están situados entre la avenida de Galicia y la calle División Azul. Fueron abiertos al público por el Ayuntamiento tras tirar el muro que rodeaba la finca. Reacondicionado con una intervención mínima, el jardín acabó integrado en las calles del entorno de forma que, cada día, muchos ovetenses lo utilizan para descansar un rato al aire libre, para cruzar de un lugar a otro en su trasiego cotidiano o para pasear. Anecdóticamente, el espacio se convirtió rápidamente en uno de los lugares preferidos por muchos ovetenses a la hora de posar para hacerse fotos, sobre todo en reportajes de bodas. Estos jardines, con una superficie de 5.000 metros cuadrados, se abrieron oficialmente al mismo tiempo que se inauguró la rehabilitación del palacete, en mayo de 1999, aunque a la vista de los vecinos dos meses antes, cuando se quitó el muro de ladrillo que lo rodeaba, dejando sólo en pie el cierre y el pórtico y la verja de la entrada. Su estado y extensión actual es fruto de la evolución de una finca cuya edificación se proyectó en 1902 en un lugar que entonces se denominaba Paseo de la Silla del Rey y estaba considerado como una zona de expansión, con un conjunto de chalés con jardín y huerta representativos de la arquitectura residencial de finales del siglo XIX.

Distribución interna actual

a) Planta sótano

Destinada a sala de estudio, con 88 puestos de lectura. La Academia de Heráldica y Genealogía tiene allí su sede.

b) Planta primera

Biblioteca del legado Tamés, compuesta por 1.165 volúmenes de arte, fundamentalmente pintura, aunque también arquitectura, escultura, dibujo, etc. Con la intención de convertir Villa Magdalena en una biblioteca especializada en arte, se van incorporando nuevos volúmenes, así como otros soportes de información, CD-ROM, vídeos y CD’s, que constituyen la mediateca y fonoteca respectivamente. Todo el material es de consulta, no existiendo préstamo domiciliario, siendo su acceso libre y gratuito.

Se dispone, así mismo, de una amplia colección de diarios y publicaciones periódicas de información general que pueden consultarse en la sala de prensa, situada en el antiguo invernadero.

c) Planta segunda

Alberga un fondo museístico con un total de noventa y tres obras, pinturas, dibujos, grabados y esculturas de carácter fundamentalmente contemporáneo. Junto a obras de tendencia puramente abstractas, pueden contemplarse obras figurativas de tipo hiperrealista e incluso alguna de estilo surrealista.

FUENTES: Sandra Solís, «La mirada experta», diario La Nueva España de Oviedo, 24-10-1999, p. 11; Ayuntamiento de Oviedo.

Las cuevas de La Lluera I y II, cerca de Priorio; la de Las Caldas; el abrigo de La Viña en La Manzaneda, o el pico Berrubia, cerca de Les Escobadielles, en Olloniego, declarados Bienes de Interés Cultural (zonas arqueológicas), prueban la prehistórica presencia del hombre en tierras ovetenses. Primero, se asentaron en las cercanías de los cauces fluviales, importantes como el Nalón o más modestos como el Gafo, arroyo de Vaqueros, reguero de Quintes, etc. Más tarde (Paleolítico Superior), ante la rigurosidad del clima, se alojaron en cuevas, dejando vestigios de su vida diaria (comida, arte mobiliar y parietal). El abrigo de La Lluera I (solutrense) enseña, grabado en las paredes, un gran e interesante número de figuras animales (caballos, uros, ciervas, cabras…), especialmente en la llamada Gran Hornacina de la pared izquierda; en el de La Lluera II (próximo a la I), por el contrario, los muros presentan signos más bien triangulares, interpretados como símbolos sexuales femeninos. La cueva de la Viña, en pared exterior de aproximadamente veinte metros, expone un buen número de grabados a buril, como ciervos, bóvidos, caballos o vulvas; la representación de un caballo en un hueso recortado y grabado por las dos caras es un destacadísimo hallazgo correspondiente al arte mueble. Más adelantados en el tiempo son los petroglifos (grabados sobre piedra obtenidos por descascaramiento o percusión) del pico Berrubia.

José Manuel González, investigador comprometido con la antigüedad ovetense, halló en este término municipal 16 castros, dispersos casi por todo el territorio, pero, mayormente, focalizados en los valles del Nalón, Nora y Trubia y en las partes inferiores del monte Naranco; todos ellos eligieron un asentamiento idóneo en cuanto visión del terreno y a su defensa, completada con taludes, muros y fosos. En estos poblados había una organización social más compleja. Mientras unos parecen remontarse a época prerromana, otros tal vez se hayan erigido en época romana. Lo cierto es que llegaron a coincidir en el tiempo con las villae romanas.

Y, como no podía ser de otra manera, la ciudad de Oviedo tuvo un principio. En el siglo VIII un presbítero llamado Máximo llega a la colina Ovetus en compañía de sus servidores y elige como retiro espiritual un lugar solitario, sin dueño y lleno de maleza. Posteriormente, ya junto con su tío, el abad Fromestano, y tras haber allanado y desbrozado el terreno, procede a la erección de un convento en honor a San Vicente, a partir del cual nace la ciudad de Oviedo el 25 de noviembre del año 761. Más tarde se incorporarían el también presbítero Montano y unos veinticinco miembros más de la Orden. La capital empezaría a dar sus primeros pasos a partir del asentamiento de colonos en torno a dicho monasterio. El rey Fruela I (757-768) ordenó construir, en las cercanías del convento, un templo bajo la advocación del Salvador y un palacio, en el que se refugiaba para descansar y donde vino al mundo su hijo Alfonso II, el Casto, quien no sube al trono, por diversos contratiempos, hasta el año 791, casi tres lustros después de la muerte de su progenitor. Este monarca dispuso el traslado de la Corte de Cangas de Onís a Oviedo —que se afianza como tal en el año 794— y comienza a imprimirle personalidad urbana, contribuyendo a su engrandecimiento. Alfonso II (791-842) ordena la erección, sobre el lugar ocupado por la anterior, de una nueva basílica consagrada al Salvador y a los doce Apóstoles, punto de partida de la presente Catedral y sustituta de la que se había levantado por decisión de su padre, arruinada por las acometidas de los árabes entre los años 794 y 795. En el año 808, tal vez para recordar la consagración del nuevo templo, Alfonso II dona a la Catedral de Oviedo la Cruz de los Angeles, escudo de Oviedo y la diócesis, y una de las joyas de la Cámara Santa catedralicia. Bajo su reinado, la posterior construcción de varios palacios, iglesias (Santa María, con el Panteón Real, San Tirso y la Cámara Santa) giró alrededor de esta basílica, a la que transformó en un importante foco de atracción para el mundo cristiano del norte. En el capítulo de las infraestructuras le cabe el mérito de equipar, con un acueducto para el suministro del agua y la correspondiente muralla defensiva, este conjunto arquitectónico, en torno al cual irán surgiendo modestos barrios poblados por servidumbre, artesanos, soldados y gentes de otras ocupaciones, que dinamizan el acontecer diario del primer núcleo urbano. En cambio, la iglesia de San Julián, que aún hoy mantiene una buena parte de su personalidad original, se elevó algo alejada del mismo, al norte, superando escasamente el kilómetro de distancia.

Tras la muerte en el año 842 de Alfonso II, le sucede Ramiro I (842-850), a quien se debe la erección en el monte Naranco de la iglesia de Santa María. Este monarca, como a continuación Ordoño I y Alfonso III el Magno (866-910), mantienen la Corte en Oviedo, lo que ayuda a su crecimiento urbanístico y a su florecimiento arquitectónico.

Alfonso III, político experimentado y militar brillante, quien junto con su esposa Ximena ofrece a San Salvador la Cruz de la Victoria —tallada en el castillo de Gozón y hoy integrante de la bandera del Principado—, renuncia a la soberanía del expansionado reino —que se extiende ya por Asturias, León y Galicia— en favor de sus hijos ante la insurrección, en el año 910, de uno de ellos, García —quien marcha a León—, y las presiones familiares. Pero antes de todos estos hechos Alfonso III había aportado a la ciudad nobles construcciones, entre ellas la superviviente fuente de Foncalada, a la que la Unesco declaró en 1998 Patrimonio de la Humanidad. El Reino asturiano entonces se disgrega, transformándose en tres señoríos: el de Oviedo va a parar a Fruela II; el de León, gobernado por García, y el de Galicia, por Ordoño. Al recibir Alfonso IV, en el año 931, los estados de Asturias —recordemos que Fruela II había heredado el trono leonés tras la muerte de sus hermanos—, la Corte se traslada definitivamente a León. Oviedo y con él el Reino de Asturias ceden el protagonismo a León. No obstante, los reyes visitan de vez en cuando tierras astures y acuden a la iglesia de San Salvador, que durante el s. XI se convierte, al igual que sucede con la de Santiago de Compostela, en un lugar de peregrinaje muy importante, cuyo efectos se dejan sentir en la vida urbana, que cobra nuevos bríos. En el año 1075 Alfonso VI viene a Oviedo, con una comitiva real en la que figura el famoso Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, y otorga a la ciudad los primeros Fueros, ahora desaparecidos, que luego corrobora y aumenta Alfonso VII, su nieto. Más tarde regala el palacio edificado por Alfonso III a fin de transformarlo en el hospital de San Juan, entregado a la atención de pobres y peregrinos.

Siguiendo el periplo histórico, hay que adentrarse en el s. XII y detenerse en sus comienzos para hacer referencia al obispo Pelayo, figura eclesiástica relevante, en cuyo tiempo de mandato se alumbró el Libro de los Testamentos, uno de los mejores exponentes de la pintura románica. Es en esta centuria cuando se llevan a cabo trabajos en la iglesia del Salvador y en lo que hoy se conoce como Cámara Santa y antiguamente capilla de San Miguel.

La profunda religiosidad popular de estos años intensifica las peregrinaciones; y con ello va afianzándose un activo componente burgués que extiende sus tentáculos a los tres pilares básicos en que se apoya todo el empuje, toda la pujanza de la urbe: el comercio, la artesanía y el mercado.

Uno de los acontecimientos trascendentes que se producen por entonces es la concesión efectuada por Alfonso VII a Oviedo, en 1145, del Fuero, que, según la opinión experta de Juan Ignacio Ruiz de la Peña, señala el paso de la «ciudad episcopal a la «ciudad mercado», y la «confirmación y consolidación del “concejo” o asamblea vecinal frente al poder eclesiástico y nobiliario» (Javier Rodríguez Muñoz). El Fuero, que confirma a Oviedo como ciudad de realengo, establece varias disposiciones, sobresaliendo entre ellas la concesión del estatuto de ciudadanos libres a cuantos fijasen su residencia en la urbe, o la exención a los ovetenses del abono de tributos por la circulación de mercancías entre el mar y León. A pesar de todo, la Iglesia mantendrá, en época medieval, gran influencia a nivel social, político y económico; de ahí que las disputas entre los poderes político y eclesiástico estuviesen a la orden del día.

Con el rey Alfonso IX, Oviedo asiste a la regularización del régimen municipal, y a otras medidas sin duda beneficiosas, como la entrega a la ciudad del alfoz de Nora a Nora, la erección de un recinto amurallado que no se culminaría hasta tiempos de Alfonso X, o la concesión del mercado semanal a celebrar los lunes, cuyo cambio a los jueves fue una decisión de los Reyes Católicos.

Con el transcurrir del s. XIV se hace evidente que la Catedral no tiene capacidad para acoger el gran número de peregrinos que la visitan movidos por la devoción y las indulgencias que se otorgaban. Por tanto, en el último cuarto de la centuria dan inicio las obras para la erección de una nueva capilla mayor; en el siglo XV continúan las mismas, aunque esta vez para la construcción de pórtico, naves y capillas. Pero lo cierto es que la Catedral siempre pasó por remodelaciones y ampliaciones.

El rey Juan I, en 1388, funda el Principado de Asturias, título inaugurado por el infante don Enrique, hijo de aquél, y que desde entonces corresponderá a los sucesores a la Corona; Oviedo se convierte, entonces, en la capital del Principado. Al tiempo surgía la Junta General del Principado, institución de derecho público que como Junta de Concejos funcionó con carácter permanente en el Principado de Asturias desde mediados del siglo XV hasta 1834, año en que se dio paso a las Diputaciones Provinciales. Pues bien, dicha Junta, que regula sus sesiones cuando el s. XV llega a su fin, se reunía en la sala capitular de la Catedral. Oviedo es ya por entonces y lo será hasta hoy protagonista o parte interesada y/o afectada en los acontecimientos de toda índole que se produzcan en lo sucesivo. Como sería imposible enumerarlos todos, se seleccionan algunos de los más significativos.

Dos sucesos quedan para el triste recuerdo: uno, en la nochebuena de 1521, cuando un incendio se inicia en la calle Cimadevilla y se prolonga por el casco histórico provocando cuantiosos perjuicios en las casas, dado que éstas se construían básicamente con madera. El otro despidió fatídicamente el siglo XVI: en 1598 y 1599, una epidemia de peste, junto a la nada recomendable compañía del hambre, segó gran cantidad de vidas.

Sin embargo, el s. XVII comenzó con buen pie: el feliz alumbramiento de la Universidad, cuya creación se debe a la decisión fundacional del asturiano Fernando de Valdés Salas, Arzobispo de Sevilla, Gran Inquisidor General, Presidente del Consejo de Castilla y redactor del Indice de libros prohibidos (1558), expresada en su testamento y puesta en ejecución cuarenta años después de su muerte, acaecida en 1568. Efectivamente, después de haberse expedido la Bula de erección por el Papa Gregorio XIII, el 15 de octubre de 1574, confirmada por Real Cédula de Felipe III, de fecha 18 de mayo de 1604, la Universidad de Oviedo inició sus actividades en la calle San Francisco el 21 de septiembre de 1608. Los estudios que impartía inicialmente se encuadraban en las Facultades de Artes, Teología, Cánones y Leyes, que acogían a menos de un centenar de estudiantes —concretamente, 57.

El Oviedo de la Edad Moderna, como afirma el historiador Javier Rodríguez Muñoz, «se convierte en el centro político del Principado y lugar inexcusable para quien quiera seguir de cerca la actividad pública. Allí reside el gobernador, corregidor o regente, y se reúne la Junta General».

Un breve repaso al siglo XIX trae a la memoria, por ejemplo, que Oviedo fue la primera de las capitales de provincia en declarar la guerra a Napoleón, determinación que toma la Junta General del Principado en la noche del 23 al 24 de mayo de 1808, obligada por la presión popular. Las intrusas tropas francesas fueron rechazadas, tras tener sometida la ciudad durante un año. Los carlistas hacen acto de presencia en 1833 y sobre todo en 1836, año en que Oviedo es tomado efímeramente por la columna del general Gómez en el mes de julio, aunque hay que decir que las operaciones del carlista Sanz tuvieron mayor virulencia; la resistencia de los ovetenses explica el calificativo de «Benemérita» que figura en el escudo de la ciudad. Otras fechas señaladas son: 1854, año de fuerte tensión política que propició la aparición del Manifiesto del Hambre, del marqués de Camposagrado, o la del 12 de noviembre de 1873, correspondiente a la proclamación, sin incidencias, de la I República en Oviedo, tan sólo un día después de que la validaran las Cortes en Madrid.

Ya en este siglo, hay que referirse a los sucesos bélicos que tienen lugar durante la revolución de octubre de 1934, protagonizada por los mineros de la Cuenca —descontentos con sus miserables condiciones de vida—, que dejan asolada buena parte de la ciudad; resultan incendiados, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de extraordinario valor que no se pudieron recuperar. La Cámara Santa, por su parte, fue dinamitada.

A causa de la guerra civil desatada en 1936, la capital, que se suma al denominado Alzamiento del 18 de julio, con el coronel Aranda encabezándolo, resiste largo tiempo el cerco al que la someten tropas de la entonces vigente República, del que sale prácticamente convertida en un montón de escombros: tres cuartas partes del caserío se vinieron abajo durante ambos conflictos. A partir de 1941 la ciudad comienza a resurgir de sus cenizas una vez que se acoge al Plan de Urbanización o de Reconstrucción Nacional de Valentín Gamazo, dominado por la ideología de aquel tiempo que aspira a crear una ciudad «orgánica, completa y cerrada». En 1955 se consigue para el casco antiguo su declaración de zona monumental. Tras una prolongada etapa franquista, llegan las primeras elecciones democráticas, celebradas el 3 de abril de 1979.

El 24 de septiembre de 1980 se asiste a la gestación de la Fundación Principado de Asturias, que, además de buscar un cálido y permanente contacto con el heredero de la Corona, se ha marcado como objetivo, con los Premios Príncipe de Asturias por ella instituidos en 1981, ensalzar los valores humanos y científicos que sirvan para estrechar lazos entre todos los pueblos del mundo, con especial querencia hacia la comunidad iberoamericana. El Teatro Campoamor, cada año por el mes de octubre, reúne a deslumbrantes personalidades para premiar a los distinguidos en 8 apartados: Comunicación y Humanidades, Investigación Científica y Técnica, Artes, Letras, Ciencias Sociales, Cooperación Internacional, de la Concordia y Deportes.

En 1992, con Gabino de Lorenzo como alcalde-presidente del Ilmo. Ayuntamiento de Oviedo, se inaugura un Plan de Obras que remodela edificios, plazas públicas, peatonaliza el casco antiguo y algunas calles del ensanche…. Estos planes de choque aún continúan, tutelados por el mismo y máximo regidor ovetense.

(Bibl.: Javier Rodríguez Muñoz, «El concejo de Oviedo», en Asturias a través de sus concejos, Ed. Prensa Asturiana, 1998; Gran Enciclopedia Asturiana, varios tomos, Gijón.)

Casco antiguo de Oviedo

En el casco antiguo se concentra la esencia de la ciudad de Oviedo, de sus monumentos, de su historia y de su idiosincrasia. Pasear por sus calles, estrechas y renovadas, nos transmite el sabor y el aroma de la vieja ciudad; nos lleva, como si de un viaje en el tiempo se tratara, a sus orígenes en el siglo VIII, a su recinto amurallado, a la ciudad medieval, sede de los primeros reyes asturleoneses y último bastión de la Cristiandad, con la Catedral como gran centro sobre el que pivotaba la vida ciudadana. Unas calles que nos evocan la vieja Vetusta clariniana, muchos de cuyos edificios aún sobreviven, afortunadamente recuperados. Porque Oviedo ha sabido conservar su patrimonio y mejorarlo con paciencia de artesano y con una perfecta sintonía con el pulso actual de una ciudad moderna y cosmopolita.

La configuración de las calles del casco antiguo mantiene prácticamente el trazado de su época medieval, tres grandes ejes paralelos que unían, cada uno de ellos, puertas correspondientes que se abrían en la muralla que circundaba la ciudad antigua. El primer eje está formado por las actuales calles de Cimadevilla y La Rúa y, tras cruzar la plaza de la Catedral, continúa por San Juan para desembocar en la calle Jovellanos. Justo en el arco que existe bajo el edificio del Ayuntamiento y que da entrada a la calle Cimadevilla se encontraba la puerta del mismo nombre que fue durante muchos años lugar de paso de los miles de peregrinos que, rumbo a Santiago de Compostela, entraban en Oviedo para venerar a San Salvador y las reliquias que atesora la Cámara Santa. El segundo eje lo conforman las calles Mon, Santa Ana, y Águila, pasando por delante del recinto de la Catedral; por último, el tercer eje formado por las calles San José y San Vicente.

La Catedral, con su impresionante torre elevándose hacia los cielos, es el centro del casco antiguo de Oviedo. Ante ella una amplia plaza ganada para la ciudad en los primeros años del siglo XX (antes una manzana de casas ocupaba este espacio) permite obtener la suficiente perspectiva para contemplar con detalle la bella portada gótica y su amplio pórtico con tres arcos que invita a penetrar en su interior.

La plaza de la Catedral está delimitada por un conjunto de nobles edificios entre los que destaca la capilla de la Balesquida, templo dedicado a la advocación de la Virgen de la Esperanza, que hace esquina con la plaza Porlier, y que tiene su origen en el siglo XIII, pero que fue reconstruido en varias ocasiones. A su izquierda, la Casa de los Llanes, edificio barroco del siglo XVIII, que linda con otro de corte clásico, que es sede del Colegio Notarial. A su lado se levanta el Palacio de la Rúa o del Marqués de Santa Cruz, del S. XV, que es la edificación civil más antigua de la ciudad, gracias a que sobrevivió al incendio que en 1521 asoló Oviedo. No obstante, la disposición original está alterada con un cuerpo con balcones, adosado en el siglo XVIII.

El lateral izquierdo de la plaza lo forman tres edificios. Destaca el más próximo a la Balesquida que es el Palacio de Valdecarzana y Heredia, de los siglos XVII y XVIII. Es un edificio barroco de tres plantas que acoge las dependencias del Tribunal Superior de Justicia de Asturias.

En el ángulo opuesto a la capilla de la Balesquida está la iglesia de San Tirso, separada de la Catedral por la calle Santa Ana. San Tirso fue fundada por Alfonso II el Casto en el siglo IX, aunque desde entonces hasta nuestros días ha sufrido múltiples y sucesivas transformaciones con lo que sólo se conserva de la época prerrománica el testero del ábside central con la ventana trigeminada, cuya silueta ha sido adoptada para el anagrama turístico de Asturias.

Contigua a la plaza de la Catedral está la plaza de Porlier, donde se levantaba el castillo o fortaleza construida por Alfonso III el Magno para la defensa de la ciudad en el lugar donde actualmente se encuentra el edificio de Telefónica. En este espacio encontramos magníficos edificios que la delimitan. El Palacio de Camposagrado, del siglo XVIII, en primer lugar, que es uno de los palacios más bonitos de Asturias. Hasta hace poco fue sede de la Audiencia Provincial y, trasladada ésta a edificios más modernos, ha servido para la expansión del Tribunal Superior de Justicia.

Formando manzana con otros edificios está el Palacio de Malleza o de Toreno, también del siglo XVIII, sede de organismos autonómicos y del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea).

Cierra esta plaza el edificio del antiguo Banco Asturiano hoy ocupado también por una entidad bancaria. Frente a éste, el edificio noble de la Universidad de Oviedo, destinado en la actualidad en exclusiva a sus dependencias administrativas. Merece la pena pasar a su interior para contemplar el claustro cuadrado con soportales que en su día pasearon el Padre Feijoo o Clarín. La estatua del centro corresponde a su fundador Valdés Salas.

Una de las fachadas de la Universidad hace frente con la calle Ramón y Cajal, reservándose, como vestigio físico del fuero del que gozó, un murete de piedra que en su fachada, en la calle San Francisco, se señala con unas cadenas. Desde Ramón y Cajal, una pequeña Plaza de Riego da paso a la calle Peso que conduce hasta la plaza de la Constitución donde se levanta el Ayuntamiento. En un tramo de esta calle cercana a la plaza podemos ver vestigios de la primitiva muralla medieval, restos que son mucho más amplios en la calle del Paraíso, justo en el extremo opuesto del casco antiguo.

La plaza de la Constitución, de forma cuadrangular, la forman el propio edificio del Ayuntamiento y la iglesia de San Isidoro el Real, que es la antigua iglesia del colegio de los jesuitas que se extendía a su izquierda en el lugar ocupado hoy por la plaza del mercado y que hubieron de abandonar en 1767 tras su expulsión de España por la Pragmática Sanción de Carlos III. La iglesia se levantó entre

1578 y 1740 y, al igual que la Catedral, estuvo diseñada con dos torres aunque en ambos casos nunca llegaron a construirse. Muy cerca de esta iglesia está la plaza del Fontán, un corro de edificios, recientemente rehabilitados por completo, que forman una plaza porticada y que constituye una de las zonas más entrañables de la ciudad. En su interior bondadosas terrazas sirven de solaz y esparcimiento disfrutando la degustación de un aperitivo, unas botellas de sidra o una buena comida.

Especial atención merece el Arco de los Zapatos, calle donde existen unos vetustos edificios con unos arcos que forman unos soportales donde desde hace decenas de años se venden las artesanales madreñas (zuecos de madera). Este recinto junto a la plaza de Daoíz y Velarde, contigua al Fontán, es utilizado para el mercado semanal que desde épocas remotas se monta cada jueves con multitud de productos de la huerta ovetense, flores y ropas. Los años y las exigencias de las normativas sanitarias han forzado la sustitución de los puestos de alimentación por otro tipo de productos, aunque mantiene su tipismo y su sabor. En las mañanas de los domingos este mismo espacio acoge un pequeño rastro con antigüedades, libros, monedas y cachivaches de todo tipo.

En la plaza de Daoíz y Velarde nos sorprende el palacio del Marqués de San Feliz de 1735 (de propiedad privada y no visitable) y junto a él y casi a ras de suelo, el Caño del Fontán, fuente que data de 1657 y que fue reconstruida en los últimos años del siglo pasado.

Bajo el edificio del Ayuntamiento se abre un arco que da paso a la calle Cimadevilla que fue durante épocas el centro comercial, bancario y administrativo de la ciudad antigua, situación que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX. Por una calleja que se abre a la derecha se pasa a la plaza de Trascorrales, cuyo nombre da idea de su inicial situación detrás de los corrales de las casas circundantes. Es una plaza pequeña donde sorprende encontrar un edificio de planta ovalada y que ocupa gran parte del recinto. Fue hasta no hace muchas fechas la Plaza del Pescado y hoy es centro cultural municipal. Actualmente los bajos de las casas de la plaza están ocupados por magníficos restaurantes.

Cerca de este espacio está la calle Mon, segundo eje del Oviedo medieval y que muestra una magnífica perspectiva de la Catedral y su torre. Hasta 1882 se denominaba de la Ferrería por la industria existente en ella. En la actualidad, sobre todo en horas de mañana, supone una invitación al paseo lento y contemplativo; mientras que por la noche se torna centro de diversión de la juventud que acude en tropel a los numerosos bares y pubs que se multiplican en los bajos de las viviendas, muchas de ellas recientemente rehabilitadas. La calle Máximo y Fromestano conecta a Mon con la plaza del Paraguas, llamada así por la forma del tendejón levantado en su centro, construido para cobijar a las vendedoras del mercado de la leche que se situaba en ese lugar durante la primera mitad del siglo pasado. Desde este punto la calle Ecce-Homo desciende hasta la de San José, límite del casco antiguo y lugar donde se abría otra puerta en la muralla. Muy cerca está la calle Paraíso, ya fuera del recinto pero de interesante visita porque discurre junto a los restos de la muralla medieval.

Desde la calle Mon y en suave pendiente en dirección a la Catedral se conecta con la calle de Santa Ana, donde se encuentra el Palacio de Velarde, que es hoy el Museo de Bellas Artes de Asturias. Esta pinacoteca, la más importante de Asturias, ocupa además de este magnífico edificio, la Casa de los Oviedo-Portal, en la calle paralela de la Rúa, unidos ambos inmuebles en el último piso. Tiene pues este museo dos entradas, siendo la principal la de la calle Santa Ana. El Palacio de Velarde, construido en 1767 por el arquitecto Manuel Reguera es una magnífica muestra de la arquitectura dieciochesca, con una fachada de bien labrada sillería. Por su parte, la Casa de los Oviedo-Portal data de 1660 y presenta una sencilla fachada barroca.

Desde la calle Santa Ana se abre a la derecha un pasaje, el Tránsito de Santa Bárbara, desde donde se contemplan los restos más antiguos de la Basílica: la Cámara Santa y la Torre Vieja. El paso conduce además hasta la Corrada del Obispo, una amplia plaza conformada por admirables edificaciones como el Palacio Arzobispal, de fisonomía barroca, que ocupa el espacio de los antiguos palacios reales del siglo IX. Formando ángulo con él está el Claustro Catedralicio en cuya fachada se abre la Puerta de las Limosnas donde el Cabildo entregaba pan a los pobres el día de Jueves Santo y sobre ella, un gran balcón de forja desde el que en 1808 se proclamó la guerra de la Independencia contra el ejército francés. En el extremo opuesto al Palacio Arzobispal se alza la Casa del Deán Payarinos, construcción de 1909, que hoy acoge al Conservatorio Superior de Música.

Desde la Corrada del Obispo parte la calle de San Vicente que constituye, junto con la de San José, la tercera vía axial de la ciudad medieval.

A poco de iniciarse, es cruzada por el arco del monasterio de San Vicente configurando una clásica imagen de la ciudad vieja. En este lugar es donde físicamente se sitúa el origen de Oviedo, pues fue aquí donde los monjes Máximo y Fromestano fundaron en el año 761 un templo en honor a San Vicente. Posteriormente, el rey Fruela I inició la construcción del primer núcleo habitado. De la primitiva construcción no queda nada y hoy es un edificio de estilo renacentista y barroco que acoge el Museo Arqueológico de Asturias.

La siguiente edificación es la iglesia de Santa María la Real de la Corte en cuyo interior está la tumba del padre Feijoo, que parece vigilarla desde su estatua que se yergue en el centro de la plaza de su mismo nombre adyacente a la iglesia.

La última construcción de esta calle es el el Monasterio de San Pelayo que ocupan monjas de clausura de esta orden religiosa, llamadas cariñosamente “Las Pelayas”, que mantienen la tradición del canto gregoriano y son especialistas en el oficio de la encuadernación.

La edificación, portentosa, se ha visto ampliada con sucesivas reformas desde el siglo X, como la construcción del claustro románico en el siglo XII, la torre gótica del siglo XVII o, ya en 1704, la fachada principal del monasterio.

La Catedral de Oviedo está levantada sobre la basílica mandada construir por Alfonso II, el Casto bajo la advocación de San Salvador y ésta se construyó sobre las ruinas de una iglesia anterior edificada por Fruela I, en el año 765 y destruida en 794 por los árabes. La basílica de San Salvador fue creciendo hasta absorber otras construcciones realizadas por Alfonso II: el palacio regio y la iglesia de Santa María. La capilla palatina del palacio es la actual Cámara Santa que es la parte más antigua de la construcción.

Pese al traslado de la corte a León fueron muchas las donaciones que los sucesivos monarcas hicieron a la basílica de San Salvador, centro indiscutible de peregrinaje durante la Edad Media. En esta época se construye la Torre Vieja de estilo románico.

En el siglo XIV se inicia la construcción de la Catedral Gótica demoliendo la anterior basílica románica y prerrománica. La construcción dura casi tres siglos, pues se concluye en el s XVI. Las capillas y panteones que completan la obra habrán de exigir aún cien años más. La mayor parte de la Catedral es del s XV por lo que, pese a tener distintos estilos, el que predomina es el gótico florido o flamígero.

  • Pórtico y Torre: De tres arcos. Los muros y las arquivoltas se diseñaron para acoger esculturas que nunca se realizaron. La Torre se inició en 1508 y finaliza hacia 1556. Su altura total es de unos 70 metros. El proyecto original recogía dos torres.
  • Capilla de Santa Bárbara: Construida en 1658. De estilo barroco, destaca el retablo obra de Luis Fernández de la Vega. La imagen de Santa Bárbara es de comienzos del S. XVII y su autor fue Antonio Borja.
  • Capilla de San Roque: Fundada a comienzos de s. XVI por el abad D. Fernando de Llames, que en ella está sepultado. El retablo es del siglo XVII y es obra de José Bernardo de la Meana.
  • Capilla de San Antonio: El retablo y la imaginería son obra de Meana es barroco con rasgos rococó.
  • Capilla de Velarde: Destaca la bella imagen de Cristo crucificado del retablo, obra de Alonso de Berruguete, y que es una de la mejores tallas de la Catedral.
  • Crucero Sur: Alberga el altar barroco de Santa Teresa. Obra del asturiano Toribio de Nava de mediados del S. XVII. Desde este lugar se accede a la Cámara Santa, cuya visita se completa con el Museo de la Iglesia y el claustro.
  • Cámara Santa: Fue la capilla palatina de Alfonso II. Acoge el Tesoro Catedralicio en el que destaca la Cruz de los Ángeles, donación de Alfonso II y símbolo de Oviedo; la Cruz de la Victoria, donación de Alfonso III (S. X), símbolo de Asturias. La Caja de las Ágatas, donación de Fruela II (910) y por último, el Arca Santa que contiene las reliquias de la cristiandad, entre ellas el Santo Sudario, que actualmente se guarda en un soporte especial para su perfecta conservación. En la parte inferior de la edificación está la Cripta de Santa Leocadia.
  • Torre Vieja: Construida a comienzos del S. XII es de estilo románico y planta cuadrangular. En la parte superior se abren ventanas con arcos de medio punto.
  • Claustro: Sustituye a uno anterior, románico, del S. XII, del que aún se conservan algunos restos. De estilo gótico, fue construido entre el S. XIV y mediados del XV. Especial atención merecen las ménsulas y capiteles por su variada y rica iconografía. En la fachada sur se abre la llamada Puerta de las Limosnas. El claustro acaba de ser restaurado.
  • Sala Capitular: De finales del S.XIII es un recinto cuadrado que en la actualidad acoge los restos conservados de la antigua sillería gótica del Coro, que fue recuperada hace pocos años.
  • Cementerio de Peregrinos: Donde recibían sepultura los peregrinos que fallecían en Oviedo durante su periplo.
  • Capilla de Covadonga: Hubo de ser derribada para construir la girola. Frente a esta capilla se encuentra la imagen del San Salvador, de piedra policromada, posiblemente obra del S.XI y que presidía la antigua basílica. Ante esta imagen se postran los peregrinos.
  • Girola: Levantada a mitad del S. XVII abriéndose pequeñas capillas con los siguientes retablos: 13, de San Pablo; 14, el Descendimiento; 15, San Pedro; 16, San Andrés y 17, San Bartolomé.
  • Retablo del Altar Mayor: Construido a principios del S. XVI. Se articula en cinco calles y cuatro pisos, excepto la calle central. Es uno de los mejores de la época.
  • Crucero Norte: En la pared Este se sitúa el altar de la Inmaculada con su retablo.
  • Capilla del Rey Casto: Se entra por una portada gótica del S. XV. Se estructura en tres naves, muy estrechas las laterales.
  • Panteón de los Reyes: Dentro de la Capilla del Rey Casto, descansan los reyes de la monarquía asturiana.
  • Capilla de Belén: Con fines funerarios.
  • Capilla de los Vigiles: Construida en el S. XVII con mezcla de elementos clásicos y barrocos por Juan Vigil de Quiñones, obispo de Segovia, que está enterrado en ella y de quien es la escultura en posición orante.
  • Capilla de la Asunción: Destaca el retablo de mediados del S. XVII.
  • Capilla de San Juan Bautista: Del S. XVIII, su retablo recoge un variadísimo repertorio de santos.
  • Capilla de Santa Eulalia: Construida sobre planta de cruz griega con una gran cúpula plagada de elementos decorativos barrocos. Guarda los restos de esta santa que es patrona de la Diócesis de Oviedo.

Oviedo, centro del camino

Cuando en el siglo IX, el rey Alfonso II, “el Casto”, hiciera el viaje desde su corte ovetense al lugar llamado Iria Flavia (Padrón) para conocer el sepulcro recién descubierto del Apóstol Santiago y creara una iglesia con dignidad suficiente para acoger aquellos restos, iniciaba una corriente que con el discurrir de los siglos fue afianzándose y creando rutas con una creciente importancia y constituyendo uno de los acontecimientos culturales y religiosos más importantes de la historia de la humanidad.

Cierto que estos caminos reafirmaban otros muy anteriores que comunicaban con Finisterre (el fin de la tierra) donde el sol se fundía con el mar. Fuera como fuera, la noticia de la aparición del sepulcro de Santiago se transmitió por toda Europa. En un principio los pueblos francos, borgoñeses, lombardos, sajones, bohemios y otros pueblos europeos incluyeron entre sus destinos de peregrinaje, además de Roma y Jerusalén, a aquel “Campus Stellae” (Compostela), donde el monarca asturiano había mandado erigir una iglesia para custodiar las reliquias del santo. Fue precisamente Alfonso II el primer peregrino a Compostela y su itinerario constituyó el primer Camino de Santiago: desde Oviedo, capital del reino, por Grado, Salas, La Espina, Tineo, Pola de Allande y Grandas de Salime. El Camino estaba creado y centro importante del mismo era la ciudad de Oviedo que, además, acogió un conjunto de reliquias, entre ellas el célebre Sudario, rescatadas y llegadas a Oviedo desde Jerusalén y que fueron custodiadas en una capilla mandada construir por el rey Alfonso II, que es hoy la Cámara Santa.

El traslado de la corte a León, en el año 910, y las conquistas territoriales de los cristianos en dirección al sur de la península se tradujeron en un cambio en las rutas que seguían los peregrinos hacia Santiago eligiendo paisajes menos penosos que los de las abruptas montañas del Norte, aunque estas rutas nunca fueron abandonadas. El Camino por la meseta, hoy llamado francés, fue tomando cada día más relevancia; la llegada de los monjes benedictinos de Cluny, constructores de monasterios e iglesias en Roncesvalles, Navarra y Ponferrada, entre otros, potenciaron aún más el desarrollo de esta ruta.

Aún así, la importancia que las reliquias habían adquirido entre la cristiandad custodiadas en Oviedo que se vio acrecentada sobremanera tras la solemne apertura e inventario de su contenido realizada en el año 1075 por Alfonso VI, convirtieron Oviedo en paso “obligado” de muchos peregrinos que consideraban imprescindible venerar al Salvador antes que a su discípulo Santiago, de ahí la antigua canción francesa que dice: “Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor”.

A Oviedo llegaban los peregrinos desde León, donde se desviaban del Camino francés, atravesando las duras cuestas del puerto de Pajares y los concejos de Lena, Mieres y Ribera de Arriba. Otras rutas atravesaban Asturias por el litoral, desviándose en Villaviciosa para llegar a Oviedo por Sariego y Pola de Siero. También existe el Camino que, desde Oviedo, conecta con el de la Costa en Avilés, atravesando los concejos de Llanera y Corvera. Este trayecto, quizá el menos conocido y difundido, permite a los peregrinos continuar su periplo hacia Santiago por el Camino de la Costa.

Conexión del camino francés a Oviedo

La entrada de los peregrinos al concejo de Oviedo se hace por Olloniego, a donde se llega desde Mieres por el puerto del Padrún. Tras cruzar una pasarela sobre las vías del ferrocarril y la autovía de Oviedo, se atraviesa Olloniego para dirigirse a la carretera de La Manzaneda, pasando frente a los restos semiderruidos del viejo puente medieval y del conjunto del Torreón y la Casa de los Quirós, y luego cruzar el puente sobre el río Nalón, en el Portazgo. En la Manzaneda, el Camino discurre a media ladera, con subidas pronunciadas, que nos llevan hasta las casas del Picu Llanza. Desde aquí, a través de un camino que sale a la derecha de la carretera, el peregrino se dirige hacia Oviedo por la Venta del Aire, Caxigal, Los Prietos y El Caserón. El paisaje que se disfruta es espectacular, con el cordón montañoso del Aramo al Oeste y, en su frente, la ladera ya visible del monte Naranco con las dos joyas del prerrománico, San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco.

Desde este punto, se alcanza enseguida la iglesia de Santiago de la Manjoya, donde un gran panel nos indica el inicio del trazado urbano del Camino de Santiago por Oviedo. Se continúa por la carretera de La Bolgachina que, pasando bajo la ronda de circunvalación de Oviedo conduce hacia la calle La Malatería. Un mojón con la correspondiente concha señala al caminante la dirección que debe tomar. A lo largo de las calles de Oviedo una sucesión de conchas de bronce clavadas en las aceras indican el trazado del Camino por la ciudad.

Desde La Malatería se alcanza la calle Aurelio de Llano y, cruzando la Ronda Sur, se toma la calle Leopoldo Alas, hoy una zona totalmente urbanizada y antaño los arrabales de la ciudad. Cruzando por Marqués de Gastañaga el Camino se adentra en el casco antiguo de la ciudad por la calle Magdalena donde, hacia la mitad, aún se levanta la capilla del mismo nombre, edificio que fue albergue y hospital desde, al menos, 1458. La ruta atraviesa la plaza de la Constitución y se adentra en el la calle Cimadevilla, a través de un arco bajo el edificio del Ayuntamiento. En este punto se abría en la ciudad medieval la puerta de Cimadevilla. Por esta calle, antaño centro comercial y cultural de la urbe hasta bien avanzado el siglo XIX, continúa el Camino para alcanzar la Catedral por la calle de la Rúa, que tuvo los nombres de rúa de las Tiendas y, anteriormente, rúa Francisca.

La plaza de la Catedral, denominada plaza de Alfonso II, ocupa el espacio actual sólo desde principios del siglo XX, anteriormente en el recinto se levantaban una manzana de edificios de viviendas por lo que para alcanzar la Catedral era necesario entrar por la calle de la Platería que se abría a la derecha de la de la Rúa y pasar por delante de la iglesia de San Tirso. En la tan ansiada Catedral el peregrino puede venerar la imagen de El Salvador y las reliquias de la Cámara Santa.

El camino primitivo

El Camino hacia Santiago sale desde la Catedral por la actual calle de San Juan en cuyo final se abría en la muralla medieval la puerta de Socastiello y que en la actualidad es la plaza de Juan XXIII. Bajando por la calle La Luna el Camino completamente urbano se dirige hacia la calle Covadonga. Como se comentó, la ruta se sigue gracias a las conchas de bronce que indican en los cruces la dirección a tomar. Pasa por delante del antiguo convento de Santa Clara, hoy sede de la Administración Tributaria del Estado. A partir de aquí, el Camino continúa por la calle Melquíades Álvarez. En esta calle se levanta la iglesia de San Juan, construida a principios del S. XX y denominada en aquellos años como “la catedral del ensanche”, en referencia al crecimiento que sufrió esta parte de Oviedo tras la apertura, en 1868, de la calle Uría. El Camino cruza esta vía, principal arteria de la ciudad, para seguir por la calle Independencia hasta su confluencia con la calle Asturias. En este punto se cruza esta calle y se bordea una zona recuperada de las vías del ferrocarril, llamada popularmente la Losa de Renfe y donde se levantan unos modernos edificios, para alcanzar la calle Teniente Coronel Teijeiro, a la altura de la plaza de la Liberación.

Se adentra, desde aquí, siempre siguiendo la traza urbana, por la calle de la Argañosa que debe seguirse en toda su extensión hasta el barrio llamado de Lavapiés. A la altura de la iglesia de San Antonio de Padua, el Camino gira a su derecha para alcanzar la calle Alfonso I El Católico, aunque antes debe cruzar la vía del ferrocarril mediante una pasarela metálica.

Hasta hace pocos años, la calle Alfonso I era el inicio del camino rural que ascendía hacia la falda del monte Naranco, pero el crecimiento de la ciudad, con la nueva urbanización llamada de La Florida, lo interrumpe bruscamente para convertirlo en modernas y amplias calles urbanizadas. El discurrir del Camino por esta zona, aún en construcción, está señalizado como en el resto de la ciudad: Cruza el gran bulevar de la Florida; hasta desviarse hacia la falda del Naranco en una zona con nuevos edificios aun en construcción. Retomar la carretera local ascendiendo levemente dirección Oeste y enseguida se llega a San Lázaro de Paniceres , donde en tiempos se encontraba una malatería.

La carretera asciende levemente por la falda del monte Naranco en dirección Oeste y enseguida llega a San Lázaro de Paniceres donde en tiempos había una malatería. Se sigue el Camino, hoy carretera local, hasta un cruce donde se entra, a mano izquierda, en una carreterita asfaltada que, tras un breve tramo, se abandona para tomar, a la derecha, un camino rural de tierra, bien asentado y con ancho suficiente para un automóvil. Estos desvíos están perfectamente señalizados. Desde aquí se continúa hasta la localidad de Llampaxuga, dejando a su paso, un poco elevados, los núcleos de Villamorsén y Llampaya. El camino, que discurre por la falda del Naranco, permite obtener unas vistas fantásticas del amplio valle que se abre a los pies pleno de verdor y de vida y con el fondo montañoso de la sierra del Aramo, hacia el Sur, y los montes de los concejos de Teverga, Belmonte y Grado hacia el Oeste.

En Llampaxuga está la capilla del Carmen, de origen medieval. A su izquierda se abre un camino que conduce al peregrino hacia Lloriana. El Camino, que sigue siendo cómodo, desemboca poco antes de llegar a Lloriana en la carreta local asfaltada que da servicio a este núcleo rural que es un auténtico remanso de tranquilidad y que ofrece una preciosa vista de la zona rural del municipio de Oviedo. El Camino bordea la Iglesia de San Bartolomé de Loriana para descender el valle pasando por el núcleo de Fabarín y, enseguida, llega hasta el Puente de Gallegos, donde se sitúa el límite con el concejo de Las Regueras, desde aquí el Camino continúa por el Alto del Escamplero hacia Grado.

Conexión del camino de la costa con Oviedo

Los peregrinos que desde Villaviciosa se acercaban y se acercan a Oviedo para cumplir el rito de visitar al Señor antes que al servidor lo hacen a través de Colloto tras superar los concejos de Sariego y Siero. En Colloto, en el límite entre Siero y Oviedo, se levanta el puente romano sobre el río Nora o “puente viejo”. Desde aquí, el Camino se adentra en Colloto y lo atraviesa por su calle central para entrar en el casco urbano de Oviedo por la Tenderina, la Baja, primero, y la Alta, después. Se adentra en el casco antiguo por la calle Azcárraga y Jovellanos. Girando a la izquierda por la calle del Águila, alcanza la Catedral. Está también descrita una alternativa que desde Azcárraga sube por la calle San Vicente, pasa por delante de los conventos de San Pelayo y San Vicente (Museo Arqueológico, en la actualidad) y, atravesando la Corrada del Obispo y el Tránsito de Santa Bárbara, entra en la Catedral por la llamada puerta de la Perdonanza.

Conexión desde Oviedo con el camino de la costa

Desde la plaza de la Catedral, el Camino se dirige a la calle del Águila y tras cruzar Jovellanos entra en la calle Gascona, que en la actualidad acoge gran número de sidrerías y restaurantes típicos asturianos. Al final de esta calle se encuentra la Fuente de Foncalada, monumento prerrománico de carácter civil, que fue mandada construir por Alfonso III y que da idea del interés de los monarcas asturianos por la mejora de la vida ciudadana.

Baja el camino, después, por la calle del mismo nombre que la fuente hasta cruzar la actual calle General Elorza y adentrarse en la Avenida de Pumarín, en busca de la falda del monte Naranco. Aquí llega a través de la avenida de Pando y lo hace a los núcleos de Villamejil y Fitoria. De este punto arranca un camino que es continuación de la llamada pista finlandesa que discurre por la falda del Naranco y es muy utilizada por muchos ovetenses para sus paseos. Siguiéndolo en dirección Este se pasa por Toleo y se alcanza el núcleo de Cuyences de Arriba, pasando junto a unos depósitos de agua que abastecen esta área de Oviedo. Todo este camino es amplio y cómodo y discurre en ocasiones por carreteras locales. Desde Cuyences se llega enseguida a Pollana dejando un poco más abajo las instalaciones de la depuradora de aguas de Villaperez. El Camino alcanza entonces el núcleo de La Pedrera, cruzando a través de un pequeño puente, las vías de un viejo ferrocarril que daba servicio a unas canteras existentes en esta vertiente, ya Norte, del Naranco. Las flechas amarillas dibujadas en los puntos de intersección evitan equivocarse. Pocos metros después el camino abandona el municipio de Oviedo por el llamado Puente Cayés para entrar en el concejo de Llanera. Desde aquí continúa por Posada de Llanera, Cancienes y Nubledo hasta Avilés.

Resumen de los itinerarios del Camino de Santiago en Asturias

Camino primitivo.

El que une Oviedo con Santiago, realizado por Alfonso II el Casto, en el siglo IX, a raíz del descubrimiento de la tumba del Apóstol. Desde Oviedo llega a Grandas de Salime, para adentrarse en tierras gallegas por la provincia de Lugo.

Conexión del Camino Francés con el primitivo (León-Oviedo).

Esta es la ruta utilizada por los peregrinos que, procedentes del llamado Camino Francés, se desvían en León en dirección a Oviedo para postrarse ante El Salvador y adorar las reliquias custodiadas en la Cámara Santa y entrando por el Puerto Pajares, Pola de Lena y Mieres.

Camino de la Costa o del Norte.

Penetra en Asturias por Bustio recorre toda la costa cantábrica atravesando, entre otros, los concejos de Llanes, Ribadesella, Colunga, Villaviciosa, Gijón, Avilés, Cudillero, Soto de Luiña, Luarca, Navia, El Franco, Tapia y Castropol para continuar por la costa gallega.

Conexión del Camino de la Costa con Oviedo.

Desde Villaviciosa muchos peregrinos se dirigen a Oviedo a través de Sariego y Pola de Siero y entrando en Oviedo por Colloto.

Conexión desde Oviedo con el Camino de la Costa.

Desde la Catedral se dirige a Avilés para seguir por el camino de la Costa o del Norte

MURALLA

Muralla medieval. Oviedo. S. XIII

Declarada Monumento Histórico-Artístico. Se trata de una obra de fábrica de mampostería, que pese a su aceptable estado, precisaría restauración. El tramo más extenso y cuidado se localiza en la calle Paraíso, desde el final de esta calle continuaba por la calle Noceda y seguía por la calle Jovellanos donde aún se conserva el tramo anexo al Monasterio de San Pelayo y un pequeño tramo exento parte de un edificio ya derruido. Aún se conservan restos en las calles Postigo Alto, Sol, Mendizábal y el Peso.

PALACIO DE LA RÚA

Rua Quince

C/ de la Rúa, 15. Oviedo. Época: S. XV. Uso actual: Salones para eventos y reuniones cuenta con dos suites nupciales. Catalogado. Rehabilitación, buen estado de conservación y fácil acceso.

Descripción tipología: Apariencia sobria y militar. De estilo gótico tardío. Se encuentra en la Plaza de Alfonso II el Casto. Trabajada con excelente sillar cabe resaltar la puerta de entrada. Casa del Marqués de Santa Cruz de Marcenado. Los escudos de armas de la fachada son de la Rúa, los Quirós, González de Lugones y Cienfuegos. Son dos escudos cuartelados y aparece una flor de Lis que puede ser de la orden de Santiago.

PALACIO ARZOBISPAL

Plaza Corrada del Obispo, Oviedo. Época: S. XVI. Uso actual: Casa Sacerdotal.

Nueva planta, buen estado de conservación y fácil acceso.

Descripción tipología: Construido a partir de los restos de la primera residencia palatina de los monarcas asturianos, pasó por varias remodelaciones y ampliaciones. Tuvo que ser reconstruido tras el enfrentamiento civil de 1936. En su interior el cuerpo principal da acceso a un patio cuadrado con arquerías.

PALACIO DE LOS CONDES DE TORENO

Plaza Porlier, Oviedo. Época: S. XVII. Uso actual: Sede del RIDEA, Real Instituto de Estudios Asturianos. Descripción tipología: Monumento histórico-artístico de estilo barroco y de corte palaciego. Despierta interés la asimetría de la fachada y la portada y en el interior un patio con columnas toscanas.

PALACIO DE VALDECÁRZANA-HEREDIA

Plaza de Alfonso II el Casto, Oviedo. Época: S. XVII. Uso actual: Audiencia Provincial. De estilo barroco. Llama la atención el gran escudo de armas de los Heredia. Durante el S. XIX fue casino y actualmente es la Audiencia Provincial.

PALACIO DE VELARDE

C/ Santa Ana, 1, Oviedo. Época: S. XVIII.

Obra del arquitecto candasino Reguera. De estilo barroco. Cabe destacar su fachada principal a la C/ Santa Ana, su jardín y su patio interior de sección cuadrada con dos arcos por cada lado sujetos por columnas toscanas. Se une por el interior con la Casa de los Oviedo y amplia las instalaciones del Museo de Bellas Artes.

PALACIO DEL MARQUÉS DE SAN FELIZ O DUQUE DEL PARQUE

Plaza de Daoíz y Velarde, 10. Oviedo. Época: S. XVIII. Uso actual: Propiedad privada.

Es el más representativo palacio barroco de la ciudad, destacando su gran pureza de estilo. El patio interior es de una belleza suprema. Las caballerizas se encuentran formando ángulo recto con el edificio. Presenta un claro paralelismo con el Palacio de Camposagrado. Obra del arquitecto Francisco de la Riva y Ladrón de Guevara. Fue declarado Monumento histórico artístico.

PALACIO DEL MARQUÉS DE CAMPO SAGRADO

Plaza Porlier, Oviedo. Época: S. XVIII. Uso actual: Administrativo.

Monumento histórico-artístico. Señorial mansión de cuatro plantas estructuradas en torno a un patio central de estilo barroco. Realizado por Francisco de la Riva Ladrón de Guevara.

PALACETE DE LA LILA

C/ La Lila, 17. Oviedo. Época: Finales S. XIX. Uso actual: Municipal, Cibercentro.

Palacete ajardinado. Tiene un saliente mirador de madera sobre columnas de forja que forman el porche. Posee una gran galería acristalada lateral, con función de terraza, estilo ecléctico.

VILLA MAGDALENA

Avda. Galicia. Oviedo. Época: 1900. Uso actual: Equipamiento Municipal.

Villa de tipo ecléctico modernista, uno de los escasos ejemplos de la época que perviven en Oviedo. Dos plantas, torre en esquina y fachada que suscita elementos clásicos utilizados por el eclecticismo de la época industrial. Galería lateral en hierro y cristal modernista. Finca ajardinada.

PALACIO DE LA JUNTA GENERAL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS

C/ Fruela, 17. Oviedo. Época: 1910. Uso actual: Administrativo.

Suntuoso palacio de estilo francés, con proyecto de Nicolás García Rivero, construido sobre las parcelaciones del antiguo convento de San Francisco, ocupando el solar de la antigua iglesia. De cuatro fachadas, en la principal escalera monumental y cuerpo saliente central, decoración de tipo francés y barroca, con muchos elementos modernistas.

FUNDACIÓN GUSTAVO BUENO. CHALET SANATORIO MIÑOR

Avda. Galicia, 31. Oviedo. Época: S. XX. Uso actual: Fundación Cultura.

Catalogado. Rehabilitado, buen estado de conservación y fácil acceso.

Descripción tipología: Chalet modernista que es uno de los pocos supervivientes de las residencias ajardinadas que la burguesía novecentista construía a las afueras de Oviedo. Construida primero como vivienda, Julio García Carvajal, realizó el proyecto en 1912. Sanatorio convertido en Fundación Municipal de Cultura, y actualmente Fundación Gustavo Bueno.

CASA DE LOS LLANES

Plaza de Alfonso II, 11. Oviedo. Época: 1740.

Con aspecto de residencia palaciega barroca, casa vivienda, en planta rectangular, de cinco plantas, con fachada en composición de tres huecos, con amplia portada barroca. Con balcones corridos, rodeados de molduras y una gran puerta de entrada. Tiene un gran escudo en el tímpano. A ambos lados dos pisos de ventanas de pequeño tamaño. Es atribuida a Fray Pedro Martínez.

Centro urbano de Oviedo

Situada estratégicamente en el centro de la región, y siendo ella misma, por su capitalidad, el centro de la actividad administrativa, económica, judicial y universitaria de Asturias, Oviedo muestra múltiples atractivos que la hacen destacar de forma patente. Oviedo es la capital del Principado de Asturias, cuenta con 225.391 habitantes, a los que ofrece una envidiable calidad de vida y, a sus visitantes, unas jornadas no comparables.

Oviedo tiene dos centros: el histórico, protagonizado por la Catedral y el casco medieval que se desarrolló en su derredor; y el comercial, representado por la calle Uría y calles adyacentes, repletas de tiendas y comercios modernos, elegantes y variados, de marcas y nombres conocidos, con grandes escaparates en vías en su mayor parte peatonalizadas.

Peatonalización

Si hay algo que defina al Oviedo actual es su carácter peatonal. Oviedo ha recuperado sus calles para los ciudadanos y visitantes. Un proceso paulatino que sirvió de ejemplo para otras muchas ciudades que se han mirado en el espejo de Oviedo y valorado el éxito que supuso esta transformación que convirtió a esta urbe en una ciudad cómoda, limpia y atractiva.

Oviedo es hoy, una ciudad para el paseo que, a la comodidad de la inexistencia de automóviles en gran parte del centro une la mejora de la disminución de los niveles de contaminación. Ahora, Oviedo ofrece a sus visitantes en las calles más comerciales de la ciudad espacios peatonales con prohibición de circulación rodada o restringida exclusivamente a vecinos y acceso a garajes. Este proceso ha permitido ampliar el ancho de las aceras y dar más lucimiento al mobiliario urbano sobre unos pavimentos renovados así como una limpieza singular trasladan la imagen de una ciudad cuidada y lujosa, ideal para el descanso y el entretenimiento.

El desarrollo urbanístico de Oviedo desde la mitad del siglo XIX ha ido incorporando a la trama urbana nuevas plazas y avenidas que agrandaron la ciudad en una progresión geométrica, con amplias calles y anchas aceras donde fueron levantándose notables edificios que ocupaban espacios de antiguas huertas y praderías, que hoy son la muestra del desarrollo arquitectónico de la ciudad. Una extensa y notable nómina de esculturas públicas diseminadas por espacios públicos reflejan la historia local y sus protagonistas, otorgando un carácter muy especial a la ciudad. Son tantas, que se puede decir que Oviedo parece un museo a pie de calle.

Centro comercial

Núcleo central de la vida ovetense es la plaza de la Escandalera, donde convergen las calles principales de la ciudad. Se sitúa en el límite del Oviedo antiguo. Aquí llegan o parten las calles Uría, Fruela, San Francisco, Marqués de Santa Cruz, Pelayo y Argüelles. En este entorno se ubican el Teatro Campoamor y el hermosísimo Campo de San Francisco, auténtico parque central ovetense. En esta plaza podemos admirar la obra “Maternidad” del artista colombiano Fernando Botero, que representa una madre con su hijo. Es una pieza de gran tamaño (2,46 metros de altura) y peso, con más de 800 kilogramos, realizada en bronce bien pulimentado, donde sobresale la curva como elemento geométrico.

Desde la plaza de la Escandalera se conecta con el centro más comercial de la ciudad, formado por el eje de la calle Uría, su paralela, Pelayo y las calles Palacio Valdés, Doctor Casal, Caveda y Nueve de Mayo, entre otras. Esta zona, auténtico ensanche de la ciudad, ha ido acumulando negocios: librerías, joyerías, pastelerías, restaurantes, zapaterías y numerosas tiendas de moda que configuran el espíritu comercial de la ciudad. Entrar a conocer y probar las mercancías expuestas se convierte en todo un placer.

En la plaza de la Escandalera se levanta el singular edificio conocido como la “Casa Conde”, diseñado por Juan Miguel de la Guardia en 1904. En este espacio se encuentra también la sede central de Cajastur, proyectada en el año 1946, y concluida en 1965, cuyo reloj marca las horas en Oviedo repicando con el sonido del “Asturias Patria Querida” (himno de Asturias). Cierra esta plaza otro edificio representativo, denominado “El Termómetro” situado en la confluencia con la calle Fruela, que es obra de Saiz Heres y que recibe su popular nombre por su verticalidad y las cristaleras curvas que atenúan su esquina. Frente a este edificio se encuentra el de la Junta General del Principado de Asturias, el Parlamento Autonómico, obra del arquitecto García Rivero, que data de 1904. García Rivero aplicó los recursos del eclecticismo clásico. Resulta un edificio robusto del que destacan, en su interior, su monumental escalinata central y los salones realizados con ricos materiales. En la calle Santa Cruz sobresalen varios edificios de diferentes estilos, incluido el modernista.

La calle Argüelles, que surge desde la plaza de la Escandalera hacia el Este, es también una vía con muestras arquitectónicas de valor, destacando especialmente el edificio del antiguo Instituto Nacional de Previsión, hoy sede de la administración sanitaria de Asturias, que se levante ante la plaza del Carbayón. Insigne ejemplo de la modernidad, es obra de Vaquero Palacios. Ante este edificio, se encuentra el conjunto escultórico de Esperanza D’Ors, “Homenaje a la Concordia”.

Desde la plaza de la Escandalera sale la calle Pelayo donde, a su inicio, se sitúa el teatro Campoamor, que constituye un auténtico emblema para Oviedo. Escenario de la entrega de los premios “Príncipe de Asturias” y de acreditadas temporadas de ópera y zarzuela, fue inaugurado en el año 1892 después de unas azarosas obras de construcción. Sus autores iniciales fueron López Saladero y Siro Borrajo. En su larga historia ha sufrido varias remodelaciones importantes, como la de 1941 tras su destrucción durante la Guerra Civil Española. El edificio está concebido con simplicidad volumétrica recogiendo influencias del clasicismo romántico. Su elegante fachada es una composición de forma horizontal con diez grandes ventanales.

La escultura de Julio López, “Esperanza Caminando”, que representa a una joven estudiante que camina distraídamente, recibe en la calle a los asistentes al teatro. Frente a ésta, y unos pocos metros más allá, se levanta el portentoso “Culis Monumentabilis”, obra de Eduardo Úrculo. Siguiendo por la calle Pelayo un gran edificio asalta al visitante: el espectacular “La Jirafa”, pequeño rascacielos que reflejó las ansias cosmopolitas de los años 50 y que tras una profunda rehabilitación acoge apartamentos y oficinas de lujo. Otra magnífica escultura adorna el corazón comercial de Oviedo, en la confluencia de cinco calles: Pelayo, Milicias Nacionales, Palacio Valdés, Posada Herrera y Diecinueve de Julio. Se trata de “El diestro” obra de Miguel Berrocal. Muy cerca de “El diestro”, en la calle Milicias Nacionales, casi en su entronque con Uría, el paseante puede encontrarse con una representación de Woody Allen en bronce que congeló su paseo por la ciudad, a la que tanto alabó durante su estancia, cuando vino para recoger su premio Príncipe de Asturias de las Artes.

A pocos metros de esta calle se encuentra la plaza de Longoria Carbajal, moderno espacio del centro comercial ovetense, en la que se sitúa la escultura “Mavi”, obra de Santiago de Santiago.

Desde esta plaza se puede ascender por la calle Covadonga hasta su confluencia con las calles Palacio Valdés y Melquíades Álvarez, que junto con Doctor Casal constituyen un área comercial en continuo movimiento ciudadano. En esta zona de la ciudad cabe destacar el templo parroquial de San Juan, que fue denominado “la catedral del ensanche” durante su construcción, en el primer tercio del siglo XX. La iglesia se ubica en el inicio de la calle Melquíades Álvarez que mantiene buenos ejemplos de arquitectura expresionista y modernista. Esta calle entronca con Uría, auténtica arteria central de la ciudad, y donde se encuentran las tiendas de moda de primeras marcas a nivel mundial. Junto con la vecina Gil de Jaz, las firmas de los diseñadores más cotizados tienen su lugar preferente en el núcleo comercial ovetense. En este espacio se yerguen edificios de extraordinaria arquitectura entre las que destaca las denominadas “Casas del Cuito”, en los números 27-29 de la calle Uría, levantado entre 1913 y 1917, muestra exteriormente el eclecticismo de la época junto a un barroquismo agotado, cuentan con gran variedad de detalles ornamentales.

Desde la calle Uría, y perpendicular a ésta, nace la citada calle de Gil de Jaz, peatonal en un primer tramo, con tiendas de moda y grandes almacenes, y donde se encuentra el extraordinario hotel de la Reconquista, que ocupa el edificio del antiguo hospicio provincial tras su completa rehabilitación realizada en año 1973. Este hotel es el alojamiento en Oviedo de los más importante personajes de la vida social, cultural y política -española y mundial- en sus visitas a Asturias. Este vetusto edificio data de 1752 y fue construido como Hospicio y Hospital Real por orden de Isidoro Gil de Jaz, Regente de la Audiencia y gran impulsor de los ideales ilustrados. Fueron sus arquitectos Menéndez de Ambás, V. Rodríguez y Manuel de la Reguera. Obra eminentemente barroca, se resuelve en su interior en torno a cuatro patios (uno ha desaparecido). La fachada principal es uno de los mejores logros del barroco regional. El hospicio fue clausurado en 1965.

En esta zona de Oviedo se fue asentando, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, la burguesía. Calles como las de Asturias, Cervantes, Matemático Pedrayes, Marqués de Teverga o Avenida de Galicia constituyen actualmente los emplazamientos más caros de Oviedo. Entre sus modernos edificios destaca el conocido como “el Serrucho”, situado en el número 15 de la calle Cervantes, obra de Ignacio Álvarez Castelao, uno de los arquitectos más renombrados del siglo pasado. Sucesivas líneas verticales de muro de las que salen hacia fuera balcones con una repetición modular que ofrece una imagen de sierra. Desde la Plaza de América se extiende el polígono de Llamaquique donde destaca el edificio del Principado, una construcción acristalada que acoge las dependencias administrativas de las Consejerías del Principado de Asturias. En las paredes laterales de las escalinatas del acceso principal de este edificio encontramos sendos murales de Francisco Fresno, que responden a la tendencia informalista y abstracta de su autor. Frente a este inmueble y en la misma parcela se levanta el Palacio de Justicia de Asturias, sede de juzgados y organismos judiciales de la región.

En las proximidades de esta plaza, se encuentra el Palacio de Exposiciones y Congresos “Ciudad de Oviedo”, obra del escultor y arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Esta singular edificación dota a la ciudad de una imagen única, moderna y vanguardista, combinando servicios hoteleros y comerciales; debido a su situación y sus amplias instalaciones se ha convertido en el centro neurálgico de los congresos nacionales e internacionales que se celebran en Asturias. La edificación está formada por dos módulos, uno exterior que rodea el palacio y se sostiene sobre complejos pórticos de acero creando una forma de U; y otro central y de mayor envergadura en forma de concha donde se sitúan las salas de congresos y un centro comercial parcialmente soterrado. Fue inaugurado en mayo de 2011.

En las inmediaciones del Palacio de Congresos encontramos la estación de tren de Llamaquique. Fue inaugurada en marzo del 2007, siendo la primera estación subterránea de Asturias.

Cerca de este lugar está la plaza de la Gesta. En una de sus esquinas, se levanta el Auditorio y Palacio de Congresos “Príncipe Felipe”. El edificio, inaugurado en 1999, fue proyectado por Rafael Beca en estilo neoclásico. Se construyó sobre un antiguo depósito de agua en desuso, aprovechando esta construcción, auténtica obra maestra de ingeniería civil, e integrándola en su estructura. El interior del edificio, que acoge numerosas actividades tanto musicales como de reuniones, ofrece espacios diáfanos y polivalentes de los que destaca la sala principal que puede llegar a acoger a 2.180 personas. Los grandes maestros de la música actual que han actuado en esta sala destacan especialmente su extraordinaria sonoridad.

A su lado encontramos el edificio de Hidrocantábrico, obra de Joaquín Vaquero Palacios. Este inmueble, de gran valor arquitectónico, es uno de los mejores ejemplos del llamado estilo internacional.

De vuelta a la calle Uría, en su tramo final, se alza la estación del ferrocarril, conocida bien como estación de Renfe o bien como estación del Norte. El edificio, que sufrió numerosas adaptaciones a lo largo de su historia, fue inaugurado en 1884 por el rey Alfonso XII. Todo el entorno de la estación acaba de experimentar un profundo cambio tras la sobresaliente operación urbanística acometida para construir una gran avenida sobre la playa de vías, que popularmente es denominada “la losa de la Renfe”. Un complejo proyecto de ingeniería que permitió cubrir las vías y crear nuevos espacios ciudadanos que son ya muestra notable del Oviedo más actual. Esta avenida, bautizada con el nombre de Fundación Príncipe de Asturias, se complementa a ambos lados con un conjunto de edificios que dan a la ciudad una visión moderna. A lo largo de la avenida se suceden dos esculturas, obras ambas de Luis Sanguino, y con los nombres de “Libertad” y “Paz”. La primera representa a un hombre rompiendo unas cadenas; la segunda, una mujer lanzando al aire cinco palomas. Unas fuentes situadas a lo largo del paseo completan la gran avenida.

En la plaza de los Ferroviarios, el nuevo espacio abierto sobre la estación propiamente dicha, se encuentra la escultura “Hombre sobre Delfín”, de Salvador Dalí. Se trata de una copia autorizada de la obra que modeló el genio de Figueras con sus propias manos.

Este espacio se prolonga hacia un moderno hotel que cierra la plataforma y que también se remata con una fuente circular.

Detrás de este edificio, una pasarela sirve de comunicación de este espacio con los aledaños de la moderna estación de autobuses, que se localiza junto a otro nuevo hotel.

Al lado de la entrada principal del establecimiento se ubica la escultura “La menina” del escultor gijonés Orlando Pelayo, donada a la ciudad con motivo de la inauguración del complejo hotelero. Esta es una zona de reciente creación que se estructura en torno a una nueva vía de comunicación de la ciudad.

Fuera de los límites estrictos del centro comercial de Oviedo hay una ciudad que palpita con igual intensidad y también con numerosos comercios susceptibles de ser visitados. La calle Valentín Masip que termina en el inmenso Parque del Oeste, el paseo de La Florida considerada la calle más larga de la ciudad o, en el lado opuesto, la zona del Campus de Humanidades, son ejemplos de un Oviedo actual, con edificaciones enclavadas en urbanizaciones amplias y modernas y llenas de vida.

La Regenta y Catedral

Leopoldo Alas nació en Zamora en 1852 y murió en Oviedo en 1901, su historia ovetense comienza con su toma de posesión de la cátedra universitaria de Historia y Derecho Romano en Oviedo, que le supuso el poder ocuparse con más tiempo que antes a su labor literaria. Cuando Clarín publica La Regenta en 1885, Oviedo era una ciudad pequeña y tranquila, cuyo recinto amurallado comenzaba a desbordarse, en 1879 se iniciaba el ensanche de Oviedo , con la inauguración de la calle Uría .En la novela podemos distinguir un ámbito eclesiástico, un ámbito nobiliario, un ámbito burgués y un ámbito natural, así hay tres ámbitos urbanos, y otro que se sitúa fuera de sus murallas en los aledaños más distantes de Vetusta.

Estos son los lugares que aparecen en la novela, así que vamos a dar un” paseo clariniano”.

PLAZA DE ALFONSO II

LA CATEDRAL testigo y participe de la historia de la ciudad. ”La Regenta” comienza en ella, con el magistral observando desde la torre con su catalejo la ciudad soñando con dominarla. En su interior Clarín sitúa el confesionario del Obispo y el que ocupaba Fermín Pas.

En la plaza de Alfonso II se encuentra la estatua de La Regenta a tamaño natural, obra de Mauro Álvarez (1997).

PALACIO DE VALDECARZANA S. XVII fue Casino desde el siglo XIX hasta 1931. En La Regenta se menciona en varias ocasiones, baile de Carnaval, cenas y lugar desde donde D. Víctor Quintana ve a su esposa penitente en Viernes Santo. En el Casino el escritor jugaba al billar.

PALACIO DE CAMPOSAGRADO, actualmente es la Audiencia. Don Víctor Quintanar es Regente de la Audiencia y por eso Ana Ozores lleva el nombre que da título a la novela de Clarín.

CALLE DE LA RÚA, donde la novela sitúa la casa del Regente.

CALLE CIMADEVILLA, Clarín en su novela la describe bajo el nombre de la Encimada.

PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, donde se encuentra el Ayuntamiento con el Arco de Cimadevilla, por donde pasaba Ana para ir a la IGLESIA de SAN ISIDORO que en la novela se llama San Isidro.

GONZÁLEZ BESADA, desde donde se ve el comienzo del barrio de la Encimada y donde Clarín tuvo su residencia.

PLAZA DEL FONTÁN, en La Regenta aparece como Plaza del Pan.

BIBLIOTECA DEL FONTÁN, antiguo teatro. Aquí vio Ana Ozores una representación de D. Juan Tenorio que la impresionó profundamente.

CAMPO DE SAN FRANCISCO, paseos por el Espolón y por el Paseo de los Curas, donde el quiosco de la música. En este Parque se encuentra el monumento a Leopoldo Alas “Clarín”.

EDIFICIO HISTÓRICO DE LA CIUDAD, donde Leopoldo Alas fue catedrático y su hijo Rector.

Casa del Cuito

La ciudad de Oviedo cuenta con importantes edificios de Arquitectura Modernista, destacan los siguientes:

CASA DEL CUITO, C/ Uría, decorada su fachada con motivos mitológicos, obra del arquitecto Ulpiano Muñoz Zapata, año 1913-1914.Tiene cuatro grupos de miradores, con fachadas curvas que sobrevuelan el aire, ninfas sujetando cuernos de la abundancia, cabezas aladas de Mercurio atlantes, leones, columnas, hojas flores, todo ello para un indiano rico llamado José Santullano, una especie de horror vacui.

IGLESIA DE SAN JUAN EL REAL, situada entre la calle Doctor Casal y Melquíades Álvarez. En su día se la conoció como ”la catedral del ensanche”, es obra del arquitecto LUIS BELLIDO y se realizó entre el año 1912-1915.El exterior muestra una gran variedad de volúmenes y de materiales polícromos como la piedra rosa, la fachada es de estilo monumental, con dos torres inferiores, y con elementos arquitectónicos heredados del románico y del gótico. La planta de la iglesia es de cruz latina y tiene una enorme cúpula.

CASA GARCÍA CONDE, Plaza de la Escandelera, obra del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, fue proyectada en el año 1904, es una de las obras más bonitas de la arquitectura ecléctica de Oviedo. Sigue un esquema francés, como se observa en su cubierta en mansarda con alienados óculos y cúpulas sobre rotondas en las esquinas. Tiene dos cuerpos circulares techados por cúpulas y uno central rematado en empinada buhardilla. La fachada tiene grandes pilastras, balconadas salientes, los balcones centrales rematados por frontones de guirnaldas decorativas.

CASA SIMEÓN, C/San Francisco, de Julio Galán Carbajal año 1915-1918, en la fachada posee las iniciales entrelazadas “S” “H” Hijos de Simeón García. La fecha de 1940 en lo alto de la segunda galería, corresponde a su reconstrucción. Posee 4 pisos con dos galerías verticales, organizadas simétricamente a ambos lados y muy decorativas. Mezcla el clasicismo con elementos ornamentales sobre todo con formas sinuosas y frisos con hojas vegetales. La fachada aunque monumental y proporcionada es de dimensiones normales.

PALACIO DE LA DIPUTACIÓN, C/Fruela, de 1910 obra de Nicolás García Rivero. Las fachadas muy historiadas cuyos cuerpos centrales parecen dar un pequeño paso al frente, cubiertas de pizarra tipo mansarda que abren óculos al exterior. Palacete de aire francés, el cuerpo central ornado por pilastras, columnas con guirnaldas y rostros. En el frontón una figura masculina y otra femenina flanquean el escudo de Asturias. Se alternan balcones con frontones curvos y triangulares, balaustradas de piedra, gran riqueza de ornamentación.

BANCO HERRERO, de Manuel del Busto año 1911. Fachada se compone de tres partes semejantes. El sótano y el principal con sus pilastras almohadilladas separando ventanas, donde consigue protagonismo la puerta de entrada en esquina. Los pisos segundo y tercero se construyen con el estilo llamado gigante, porque las columnas y pilastras abarcan dos pisos, hay además cuatro gruesas columnas en la rotonda que junto a medias pilastras semicilíndricas y pegadas a la pared, proporcionan un ritmo ondulante, consiguiendo un equilibrio entre la verticalidad de las columnas y la redondez de las ventanas, el tercer piso es el ático, el más decorado. Tiene mansardas al estilo francés, pero no tienen óculos, sino un modelo de ventana conocida como termal, ribeteada por molduras redondeadas, entre cada una de ellas están colocados unos pináculos cilíndricos con una decoración mezcla entre Art Noveau francés y modernismo vienés. La cúpula se divide en tres partes, la base de ventanas rectangulares, la bóveda octogonal, y la linterna que termina en aguja.

CIRCULO MERCANTIL, C/ Marqués de Santa Cruz,5, obra del arquitecto Julio Galán Carbajal, de inspiración francesa, de gran monumentalidad y riqueza decorativa: leones sujetando guirnaldas en las cornisas, volados balcones en línea, barandas de fragua y piedra, columnas y pilares custodiando los salientes balcones de su torre, cubierta con cúpula de zinc o los medallones con simbología de Mercurio, dios del comercio y de los viajeros, ejemplifican esa comentada generosidad modernista.

BANCO IBÉRICO, obra de Manuel del Busto, 1922 Escandelera – esquina Argüelles, llama la atención su torre cuadrada en la esquina, rompiendo la horizontalidad del edificio, juega con volúmenes que se adelantan dando sensación de movimiento, y consigue a través de distintas alturas y salientes voladizos transmitir sensación de ligereza y dinamismo.

CASA CAMILO DE BLAS, C/Argüelles, año 1905-7, edificio que consta de un cuerpo central alargado con balcones con antepechos de hierro, flanqueados por miradores que terminan en frontón curvo. El cuerpo central va rematado por una cornisa con canecillos, a continuación la buhardilla con salientes y alienadas ventanas. E Este edificio alberga la confitería del mismo nombre que aparece en la película de Woddy Allen ”Viky, Cristina, Barcelona”.

CASA DEL ARCO IRIS, Plaza de la Constitución, el arquitecto fue Francisco Casariego 1922.La fachada enmarcada hacia el Ayuntamiento consta de cuatro pisos, con tres tipos de ventanas, separadas cada una por una ménsula corrida, menos la del centro que abarca los pisos segundo y tercero. Los dos pisos de alargadas ventanas dan idea de verticalidad. Las ventanas forman un juego de distinto tamaño y formas. Las enjutas de las ventanas centrales están decoradas con unas cerámicas modernistas cuya ornamentación se reduce a ramaje ondulado. El edificio es una mezcla de elementos pasados y futuros que le proporcionan una originalidad propia.

Nuestra ruta de compras por Oviedo debe comenzar por la céntrica calle Uría, en la que se concentran las boutiques de las firmas de moda españolas más importantes del momento. A unos metros de la Estación del Norte encontraremos las tiendas de Stradivarius, Zara, Uterqüe, Roberto Verino, Cortefiel, Women´s Secret, Oysho, Pull & Bear y Javier Simorra en los primeros números de la calle. Pero la extensa lista de marcas españolas continúa hasta el final: Springfield, Adolfo Domínguez, Mango, Lottusee y Blanco.

Antes de continuar hacia el sur de la ciudad, es preciso recorrer la pequeña calle Campoamor, paralela a Uría en su parte más alejada del centro, ya que en ella sobresalen los espacios de Cortefiel, con moda prêt-à-porter , además de Gocco y Neck & Neck en el segmento de moda infantil. Ambas calles se conectan a través de Doctor Casal, que también concentra un gran número de tiendas de marcas españolas especializadas en moda de estilo clásico, como Caramelo y Fosco.

Un poco más abajo discurre Palacio Valdés, también paralela a Uría, en la que la moda más fresca y juvenil toma la calle de la mano de Bershka, Stradivarius, El Ganso y Benetton. Esta vía se convierte en la calle Pelayo, y es en ese tramo donde se concentran las tiendas de la marca de moda infantil Kiddy´s Class, así como de Massimo Dutti, Hugo Boss y Zara. Tampoco hay que dejar pasar Milicias Nacionales, que enlaza la anterior con la mencionada Uría, y en la que, además de la escultura al cineasta neoyorquino Woody Allen, se ubican los espacios del diseñador Ángel Schlesser y de la marca de moda y accesorios Bimba & Lola.

Pero hacia la otra vertiente de la calle Uría también se extiende una zona de compras igualmente interesante, como la calle Gil de Jaz, donde están los establecimientos de Bimba & Lola, Carolina Herrera y Purificación García.

Los dulces son un punto fuerte de la ciudad, destacando los conocidos carbayones, unos riquísimos pasteles hechos a base de hojaldre y una masa de almendra, huevos y azúcar los más conocidos son los de Camilo de Blas y Santa Cristina . La repostería tiene su colofón en los refinados bombones de Peñalba y las populares moscovitas de Rialto, finas pastas de almendra bañadas con una cobertura de chocolate.

Conseguir buenos productos gourmet es una tarea fácil en una ciudad como Oviedo donde los establecimientos no solo venden productos tradicionales, también exquisiteces gourmet.

Coalla Gourmet, empresa especializada en la distribución de vinos y productos delicatessen de la más alta calidad y a precios muy competitivos.

La Petite France, acerca a sus clientes la gastronomía francesa, como son sus foie gras, terrinas, vinos,…

Productos Gourmet Artesanales Asturianos es hablar de Crivencar, tiendas especializadas en la venta de productos ecológicos, fabas, vinos, licores,…

Apartamentos en Oviedo: qué ver

Acueducto de los Pilares

En el municipio de Oviedo, visita a pie desde Apartamentos en Oviedo

Situado en el barrio del Naranco (c/ Roberto S. Velázquez-Los Pilares), fue declarado Monumento Histórico-Artístico el 26 de noviembre de 1915.

De esta emblemática construcción ovetense, realizada para paliar los problemas de sequía crónica de la ciudad, sólo quedan en pie cinco de los cuarenta y dos arcos o pilares —nombre éste de Pilares utilizado por el gran escritor local Ramón Pérez de Ayala para dar nombre a Oviedo en sus novelas— que formaban parte de la traída…

Acueducto de los Pilares
Conservatorio Superior de Música

Conservatorio Superior de Música

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Conservatorio Superior de Música

Bordeando la plaza denominada Corrada del Obispo pero ya desde la calle de San Vicente, aparece la popularmente conocida como casa del Deán Payarinos, apelativo amable dado al canónigo ovetense Benigno Rodríguez Pajares. Residencia de éste, la mandó construir en 1900, siendo proyectada por Juan Miguel de la Guardia.

Se trata de una composición a caballo entre el eclecticismo y el modernismo, con una fachada un tanto apaisada. La cirugía …

Paseo del Bombé

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Aquí se encuentra el Paseo del Bombé, abierto en el siglo XVIII, su nombre afrancesado se relaciona con la estancia de las tropas napoleónicas en la ciudad. Al inicio de este paseo se encuentra la Fuentona, un homenaje a los cuatro manantiales de la ciudad de Oviedo (Boo, Lillo, Ules y Naranco-Fitoria). Al otro extremo, cierra el paseo la Fuente de las Ranas, llamada así por la forma de sus surtidores.

En el centro se encuentra el Quiosco de la música, lugar donde tradicionalmente …

Paseo del Bombé

Museo Fernando Alonso

En el municipio de Llanera, visita en coche desde Apartamentos en Oviedo

Horarios

  • Museo: Todos los días 10:00 – 20:00 h.
  • Circuito: Martes a viernes 15:00 – 20:00 h.
  • Sábados, domingos y festivos: 10:00 – 14:00 y 15:00 – 20:00 h.
  • Campus Karting – Day Camp: 09:00 – 18:00 h.

Tarifas

Museo:

  • General: 15,00 €
  • Reducida (niños 4-12 años y >65 años): 10,00 €
  • Grupos: Consultar

Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias

En el municipio de Gijón, visita en coche desde Apartamentos en Oviedo

HORARIOSOctubre a marzo:

  • Martes a viernes: 9:30-18:30 h.
  • Sábados, domingos y festivos: 10:00 – 18:30 h.

Abril a septiembre:

  • Martes a viernes: 10:00-19:00 h.
  • Sábados, domingos y festivos: 10:30-19:00 h.

Cerrado los lunes, 1 y 6 de enero, martes de Carnaval, 15 de agosto, 24, 25 y 31 de diciembre.

Acuario de Gijón

En el municipio de Gijón, visita en coche desde Apartamentos en Oviedo

Ubicación: cercanías de la playa de Poniente (casco urbano de Gijón). En las antiguas instalaciones de Astilleros del Cantábrico.

Tarifas:

  • Adultos: 14 euros
  • Niños (3 a 14 años): 7 euros
  • Mayores de 65 años: 10 euros
  • Grupo adultos: precios especiales para grupos

El Acuario de Gijón es un gran itinerario a través de los escenarios que el agua ha creado. Algunos remotos y llenos de misterio, otros cercanos pero sorprendentes.

Museo Arqueológico del Principado de Asturias

En el municipio de Oviedo, visita a pie desde Apartamentos en Oviedo

HORARIOS

  • Miércoles a Viernes: 9:30-20:00 h
  • Sábados: 9:30-14:00 h y 17:00-20:00 h
  • Domingo y Festivos: 9:30-15:00 h

Lunes y martes cerrado.

TARIFAS

  • Gratuito

Localización: Está situado bajo el arco del ex convento de San Vicente. Ocupa parte del monasterio de San Vicente, primer edificio (año 761) construido en la fundación de Oviedo, siendo declarado Monumento Histórico-Artístico en marzo de 1962 (su claustro, sin embargo, goza de tal reconocimiento desde 1934).

Museo de Bellas Artes de Asturias

En el municipio de Oviedo, visita a pie desde Apartamentos en Oviedo

El Museo de Bellas Artes de Asturias alberga la mejor colección pictórica de la región, con obras de artistas de la talla de Carreño Miranda, Dionisio Fierros, Evaristo Valle, Nicanor Piñole, Vaquero Palacios y pintores contemporáneos, una colección de objetos de vidrio y porcelana… Por la importancia de sus fondos, el Museo de Bellas Artes de Asturias es uno de los mejores del Estado español.

Abrió sus puertas en 1980. Hoy cuenta con una de las mejores colecciones de Arte de España, integrada por 15.000 piezas de los siglos XIV y XXI, con obras de El Greco, Goya, Sorolla, Picasso, Dalí y Miró.